© la Zorra y el Cuervo, 2008.
Todos los derechos reservados.
ISSN 1936-1858
Edición y Diseño: George Riverón.
jardines invisibles / poesía
Ilustran esta edición
obras del pintor cubano
Kelvin López
revista literaria trimestral  | año II - Primavera de 2008 | Bluebird Union, Inc. | dirección: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
Jorge Paolantonio
Nació en Catamarca en 1947. Reside en Buenos Aires desde 1982. Es escritor, traductor y profesor universitario en Lengua y Literatura Anglosajona. Su producción literaria recorre diversos géneros: poesía, novela y teatro. Algunos de sus últimos títulos publicados son Hueco (poesía), Peso muerto (poesía) y las novelas Año de Serpientes (Primer Premio Nacional del Encuentro Patagónico de Escritores), Ceniza de Orquídeas (finalista del Premio Planeta 2000), Algo en el aire (Finalista del Premio Planeta 2003). Sus obras de teatro Rosas de sal, Reinas del Plata y Las Llanistas (reunidas en los volúmenes teatro I, II) han sido estrenadas en Argentina, La Habana, Lima, Quito, Guayaquil, Antofagasta y Sao Paulo.
Jorge Paolantonio
2-Hechizo


atravesaré
los umbrales de tu hierba
con glicinas en los ojos
y una rosa de sal en la garganta

diré los tallos tiernamente

demoraré
el hedor de la carne nocturna
y encenderé lejanas luciérnagas
deslizaré lienzos y ungüentos

trazaré la huella de mis labios secos
y ansiaré mojarlos
en la semilla húmeda del celo

comenzará el incendio

tendré los pies desnudos




5-Dorado dios de Itajaí


déjate caer
en frutada saliva     río caliente
en la bahía de libaciones

antes del amanecer   antes
un demonio morirá
inclinando sus cabezas sobre tu vientre

bellísimo dios: ora pro nobis




1-Las Irremediable Muertes-


Somos los que algunos atisban en el lecho
Después de hacer el amor
Sin tregua y sin cenizas
Pordioseros de animalidad despierta
Dormida en la bruma inexpugnable de las buenas maneras
Esos que nos ven, nos ven sedientos
Y somos el espejismo de sus fiebres
Los remansos de fuego sepultados en la cresta de un grito
Apenas revelado en quejidos y murmullos de aposento
Mientras toda conciencia se acidula o se adormece
Como las agujas de los viejos relojes de sala

                     ¿Somos otros  acaso?
¿Hacer el amor no es volver de la muerte?
¿Quién sino el amante puede entrever el soplo de nuestro rostro verdadero?

Nuestra historia está cifrada en pliegues
de los tatuajes que nos hemos permitido
y en los ángeles de la carne joven que olía a manzanas

Allí está la carta interminable disparada a los ojos del otro

Un pedido
en el muro de los propios lamentos:

“soy ésto que se agita inexorable frente a tu mirada / no me  dejes /
tengo tinieblas que arrastro desde los lobos de otras sangres /
otros tiempos guarecidos en ampollas y fumarolas apagadas /
otros nombres decantados entre cuajarazos y remolinos abiertos al asombro/
he vuelto a nacerte /
esto soy yo frente a otro/
regresé de las irremediables muertes /
para perdonarme/
y sentarme a la diestra de tu corazón henchido/ /
Ya no huelo a manzanas.”
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