© la Zorra y el Cuervo, 2008.
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ISSN 1936-1858
Edición y Diseño: George Riverón.
jardines invisibles / poesía
Ilustran esta edición
obras del pintor cubano
Kelvin López
revista literaria trimestral | año II - Primavera de 2008 | Bluebird Union, Inc. | dirección: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
Nelson Simón
(Pinar del Río, 1965)
Ha publicado los poemarios: El amolador de tijeras pregunta por su casa (1988), Ciudad de nadie (1992), El peso de la Isla (1993 y 2002), Con la misma levedad de un náufrago (1995), Criatura de isla (1996), En el cofre de un pirata (poesía para niños, 1998), A la sombra de los muchachos en flor (2001 y 2004), Carta inconclusa a Dulce María Loynaz (2002), Para no ser reconocido (2002) y Brujas, hechizos y otros disparates (cuentos para niños, 2000). Ha sido incluido, entre otras, en las antologías Ellos pisan el césped (1987), Un grupo avanza silencioso (1989), De transparencia en transparencia (1992), Nuevos poetas cubanos (1994), La isla entera (1995) y Nuevos juegos prohibidos II (1997).
CANTOS PARA CUANDO REGRESE A LA CIUDAD
a Yamira
I
Voy a colgar banderolas a ambos lados del puente
ahora que la isla es una creíble gaviota posada sobre el mar.
Aguas que impasibles se elevan surcan mi corazón más cierto,
regresan, me enamoran y escapan tras los arcos de nácar
dueñas ya de otros cielos y otros árboles
donde los caminantes se detienen a afinar sus sordos instrumentos
los callados perfiles que el sol va dibujándonos
a punta de cuchillo:
"...estos son los arabescos, es sabido
que la hojarasca cruzó por sus bocas alguna vez.
Es sabido que aquí crecen los rostros más líquidos,
los que se van al mar en busca de corales
y han llorado en las manos hinchadas de los pescadores.
No los olviden. No pronuncien sus nombres.
No crean que los vieron cantando entre los descabezados.
Un día, también ustedes amarán a una camisa
y pensarán que es un velero que se aleja."
II
Estamos sumergidos en un film y el agua
cuando quiere es el comediante que nos hace reír,
otras veces es el hilo, es el tiempo que teje y desteje
el oscuro tapiz, las manos con que el amigo muerto
deja caer su sombra, su asmático rubí al fondo de mi boca.
III
Mi corazón lava su cansancio en estas aguas,
desde los ventanales de tu pecho veía partir los trenes
atravesados por el humo, convertidos en cartas que marchaban al bosque.
Y estaba el viento con su culpa suavísima entre los dos,
se levantaba la ciudad tan pequeña para no encontrarnos
para sentirse perdido tras la música de un viejo gramófono.
Componiendo su verdad descolorida: la ciudad
como un cofre puesto por el tiempo sobre la arena.
Y era cierto que nadie iba a morir con hojas de mangle
entre los dedos. Nadie iba a ver las piedras de la lámpara,
la hoguera en el techo, el muro y esas lianas
que aún pretenden tocar al cielo incorruptiblemente azul
que las descuelga.
IV
En otras estaciones yo adornaba con peces tus vestidos
y corría hasta el patio para ver los granados,
las aves y los sueños entregándose al fuego
de las cosas perdidas.
Ahora todo es posible, hasta que alguien diga
que tu corazón no es el mejor madero para sentirse náufrago.
Ahora todo es posible, el panal sin miel
aguardándonos en las crestas del camino
la noche sonando su cascabel de desamparo
y la fiera que duerme y nos vigila dentro del hueco dulce de tu huella.
Es época de sequía, se levantan historias lejanas
sobre la mansedumbre de mi casa y en los tiestos de barro
se ha secado mi abuela junto con sus violetas.
Es época de sequía:
lo adivino por las columnas de humo
que dibujan los niños en la acera.
V
¿Por dónde han llegado a ustedes estas noticias
estos cantos que ensayan los guerreros al borde de la hoguera?
¿Han visto al alcanfor perforarles el sexo
han visto la neblina cubrir el fanal levantado en el abismo de sus nombres?
¿Han visto la azulidad nocturna de sus desnudeces,
el agua que los pica y ellos siguen amando?
VI
Para cuando regreses
voy a sembrar un naranjo con luz ante tu puerta
si algún día me marcho quedarán estos cantos
presos en el follaje gris que se inclina en el río.
A este lado del río ofrece sus columnas la ciudad.
Como un caleidoscopio en los meses de invierno,
la ciudad ofrece su vendimia, los harapos desnudos a la lanza
en el pecho aborrecido del querubín.
"Entren amigos, vuelvan,
desde aquí verán la luna deslizarse sobre
el sembrado de arroz.
Escucharán a la tórtola acabándose en círculos
al pie de los granados, su plañir descendiendo
hasta la aldaba de la puerta.
Entren amigos, vuelvan, pero sin antifaz,
ordenen como puedan mis huesos sobre el torvo tablero
de ajedrez, ahoguen en sus tazas al finísimo pájaro
del miedo, abran sus cajas de música,
confiésense culpables, aquí estamos creciendo
junto a soledades que nunca fueron nuestras,
pero no olviden el reloj que nos apunta al ojo,
después las aguas subirán hasta borrar
los vencidos retratos de mi casa
preguntarán por nuestras vidas
y no sabremos contestarles
y las mujeres serán una fiesta
en las revanchas del vino,
dormidas habrán bordado en el tapiz para nosotros.
Bellos hijos que no van a entender de establos ni de lirios
brotarán de sus manos y del antiguo sueño
donde perdurará el canto fugitivo de las garzas.
VII
Yo he esperado por ti todo este tiempo
con la única luz de un candelabro que mi abuelo guardaba en un baúl.
He esperado por ti mientras me enamoraban desde la ventanilla de los trenes
y la ciudad me perseguía para saber del buitre bellísimo de la madrugada,
para cuando regreses voy a tener un naranjo con mucha luz frente a tu puerta,
Serás la espuma negra de quienes no creyeron,
virgen serás con olor a naranjas cantándote en los senos
para cuando regreses...
Si ves las ramas secas abrazarse a tus pasos,
di que han podido más que yo.
Di que son más solitarios y tristes que yo.
No preguntes por mí más que a mi sombra
oculta por las aguas que crecen tras el muro.
Después del muro no verás la ciudad.
No verás el caminar de los benditos
ni a la vieja sibila que vende caramelos
y mariposas untadas de alcohol.
Hasta allí llega el ruido de los cascos
y las aguas levantan sus máscaras
para lavar mi espalda.
He pensado muchas veces abandonar la ciudad
pero qué hago yo con complacer al viento
si el viento estuvo en mí prediciéndolo todo
como un farolero, y sé que extrañaría estas calles
donde abunda la soledad del hombre y del caballo.
VIII
Muchacha, no le muestres los ojos al olvido,
yo estaré allí donde la cal no dibuje esas bestias horribles,
aguas de otra ciudad abrirán para mí las puertas que esta ciudad me cierra.
Entre amigos, hace un invierno grande en esas calles.
Nadie podrá quitarnos los cantos donde somos felices,
ocupen sus lugares en los sitios vacíos del retrato
en el que sonreiremos por última vez,
dejen abiertas las ventanas y que nos llene el cielo
incorruptiblemente azul que se nos prodiga,
pero no olviden las heridas que nos dejó el reloj
bajo las tintas apretadas de
la noche.
La isla es una creíble gaviota posada sobre el mar
y en cualquiera de sus aguas mi corazón lava su cansancio.
Por favor, vigilen al naranjo, pueden soplar su luz
y dispersarla.
Deben estar atentos ante la fingida desnudez que desvela al arquero.
Así estaré seguro de que la hojarasca no olvidará a esos perros,
esos espejos abarrotados de sombras y platas inservible
que ya no existirán, ya se habrán apagado
cuando me encuentre cruzando otros puentes,
otras ciudades que no serán tan mías como esta.

Nelson Simón