© la Zorra y el Cuervo, 2008.
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ISSN 1936-1858
Edición y Diseño: George Riverón.
testamento del pez / reseñas - libros
Ilustran esta edición
obras del pintor cubano
Kelvin López
revista literaria trimestral | año II - Primavera de 2008 | Bluebird Union, Inc. | dirección: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
Luis Felipe Rojas
(San Germán, 1971)
Poeta y narrador y coordinador de la revista Bifronte. Tiene publicado: Secretos del monje Louis (Ediciones Holguín, 2001), Cantos del mal vivir (Ediciones Loynaz, 2004) y Anverso de la bestia amada (Ed. Abril, La Habana, 2005).
HISTORIA DE UN HOMBRE QUE NO SABÍA MENTIR
Por Luis Felipe Rojas
Juro que no había dicho una verdad tan grande como ahora, cuando debo hablar sobre algunas mentiras que ya están escritas. Estoy diciendo debo con toda responsabilidad, es decir necesidad.
Hace falta que alguien levante la voz sobre el poemario Viejas mentiras de otra clase, Premio Heredia 2000, del poeta Michael Hernández Miranda (Cueto, 1974). Reniego a separar ahora al crítico que soy del amigo que he sido siempre. Y es que va siendo habitual en nuestra (crítica) crítica literaria que sólo si algún amigo quiere se hable de tu libro. Los libros de los jóvenes poetas pasan inadvertidos. ¿A nadie le duele? Si esto es mentira, que lo digan los poetas Sigfredo Ariel, Reyna María, Ronel González, León Estrada y otros que hoy están más a la vista pública en la literatura cubana.
La otra razón que me asiste al hablar del libro es que sus poemas son una vivencia emparentada con quien dijo Let it be y cantó con tristeza y ardor antes que pasara la década del 90.
Michael Hernández escribe como si regresara de un largo viaje. Es un cronista que nos habla del dolor y la pérdida y lo hace desde el amor a la música, a los libros, a los miedos de la noche. Algo singular es que viene de hacerse las mismas preguntas que torturan a todo ser humano desde hace miles de años, pero Michael se responde: Nunca o casi nunca decimos manicomio/ sino casa selva...
Sin el tremendismo de quien se asoma al mundo por el ojo de su primer libro, este poeta asume los desastres cotidianos como un peso a llevar, pero gritándolos a los cuatro vientos. Ahí está su virtud. Como poeta e intelectual su única adhesión o salida a la palestra pública es de manera crítica. Es éste un libro resumen de los amores y desamores a los que se ha rendido, también es un cuaderno de bitácora en el que ha vertido su sueño y su locura mayor, esa punta de lanza que es la palabra.
Hay en el libro textos escritos hace casi cinco años o más, como otros de apenas dos, y ahí está el defecto del mismo. Un primer libro es un resumen vivencial, pero debe ser un todo. Un primer libro debe ser excluyente de textos que atenten contra el justo equilibrio del mismo, para eso están los editores. Hablando de ellos, hay versos ahí que no pueden leerse ni con la respiración de un asmático, están partidos a mansalva, como por alguien que odia a los lectores.
De todas maneras, Ediciones Santiago está de fiesta otra vez, con este poemario, lo atestiguan la sencillez y delicadeza de sus publicaciones y portadas. Están de fiesta los lectores con esta voz nueva y diferente que asoma por la madeja poética de la más joven generación en Cuba.
No todos los días encontramos a alguien discursando sobre las mentiras de la verdad o la verdad de las mentiras. Ahora lo ha hecho él, como en los versos finales, dedicados a Janis Joplin: “estoy tocando a tu puerta.../ levantaré mi ciudad contigo/ aún antes de que el amor/ nos haga breve la vida.” Los lectores sabrán, ellos siempre saben, no todos los días un hombre duerme al borde mismo del desaliento y pregunta: “A quién le importan estas mentiras.”
Yo sé que a muchos les importan, Michael, a muchos. No toda la ropa vieja y sucia se lava y tiende dentro de casa. Este libro levantará ronchas y arrancará aplausos. Unas más que otros. Así es. Para eso también sirve la poesía. Aunque uno nunca sabe, los que saben son los lectores.