© la Zorra y el Cuervo, 2008.
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ISSN 1936-1858
Edición y Diseño: George Riverón.
Ilustran esta edición
obras del pintor cubano
Kelvin López
revista literaria trimestral  | año II - Primavera de 2008 | Bluebird Union, Inc. | dirección: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
¿Por qué se cuenta una historia o para quién se cuenta?
A veces, simplemente por el placer de convertir una historia que apenas intuyes en un cuerpo de palabras, de verla materializada. A veces, para librarse de unos personajes, unos conflictos, unos ambientes o una atmósfera que te acosan. A veces, por puro oficio: para cumplir con un encargo o simplemente para demostrarte que aún posees el don de la prestidigitación literaria. Y también, a veces, para complacer a alguien, para no defraudar a ese lector especial que cree y confía en ti más que tú mismo.

Muchos ahora te conocen por Aprendices de brujo o por el reciente premio Alfaguara 2008 a tu novela Chiquita, pero ya en Cuba eras muy conocido por Strip-teaseQuerido Drácula -por sólo citar dos títulos- y me consta que se te han aparecido lectores con ejemplares de tus libros publicados en la isla. ¿Qué impresión te causa?
Me sorprende comprobar que alguien, pudiéndose haber llevado otros libros al marcharse de su país y dejar su biblioteca atrás, haya echado en su equipaje uno mío. Eso no lo convierte necesariamente en un libro de valor literario excepcional, pero sí en un título que tuvo una especial significación para ese lector en determinado momento de su vida. Eso es un misterio que nunca acabaré de entender, pero que me halaga muchísimo. Tiene un efecto infinitamente mejor y más perdurable que recibir una buena crítica en una revista.

Es difícil clasificar tus novelas. Aprendices de brujo y Chiquita, son algo así como "novelas de ficción histórica" en las que mezclas fantasía, aventuras, absurdo, suspenso, entre otras cosas. ¿A qué se debe esa locura deleitable?
Supongo que es el tipo de libros que me gusta leer. Me divierten esas estructuras híbridas, burlarme un poco -sanamente- de la literatura de género. Por ejemplo, en los dos libros que mencionas hay episodios que rinden homenaje a la novela detectivesca, a la serie negra, pero sin pretender emular con Poe o con Chandler, porque no tengo la menor aptitud para imaginar un asesinato y, mucho menos, la pesquisa de un investigador.

En la pasada feria del libro de Miami alguien aseguraba -y todavía no habías ganado el Alfaguara 2008-  que Aprendices de brujo era una de las mejores novelas del momento, independientemente de modas, ensayos y geografías.
Me pareció una opinión muy lisonjera, pero afortunadamente no soy muy dado a creer en los elogios desmedidos.

Aprendices de brujo parece una historia no incluida en Las mil y una noches.
Yo siempre había deseado que la compararan con un episodio del Satiricón o con uno de los cuentos picarescos del Decamerón, pero esta asociación que se te ocurre es muy halagüeña.

Una vez en tu casa, mientras leías un capítulo de la por entonces inédita Aprendices de brujo asegurabas que tu próxima novela no iba a ser tan extensa. Hoy sabemos que Chiquita supera a su predecesora en extensión.
En efecto, es algo más extensa, pero confío en que no más aburrida. Simplemente, ese fue el número de páginas que exigió la historia para ser contada. Tengo la conciencia tranquila: eliminé un largo capítulo y podé muchas páginas. Por otra parte, me gustan las novelas largas, que tratan de retenerte varios días en su mundo, tipo La piedra lunar, de Wilkie Collins, o Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami. No escribo para lectores apurados.

¿Quién es Chiquita?
Un personaje fascinante. Una mujer de 26 pulgadas de estatura, independiente, voluntariosa, sensible, ardiente y con un complejo mundo interior. Quizás también una metáfora sobre la supervivencia de los pequeños (sean seres humanos o naciones) en un mundo regido por los gigantes.

Hay personajes que se dan más fáciles con el autor y otros, en cambio, se resisten a su condición de personajes, te ponen trampas, se escabullen. Pienso, al azar, en cualquier de los muchos personajes que aparecen en Aprendices de brujo o en Chiquita. Sabiendo lo complejo de los tuyos, ¿qué puedes decirnos sobre esto?
Me doy cuenta de que los personajes tienen vida propia cuando empiezan a hacer uso de ella; es decir, cuando dicen o hacen cosas que no estaban previstas inicialmente en la trama y que me veo obligado a aceptar, bien sea porque me seducen o porque debo admitir que se corresponden con su psicología. Eso me sucedió con Lucho Belalcázar y con Eleonora Duse, en Aprendices de brujo, y también con la protagonista de Chiquita. A veces algunos personajes cobran tanta fuerza que deben ser amordazados y confinados. A la pintora Esmeralda Gallego, de Aprendices de brujo, tuve que desterrarla de la historia al finalizar la primera parte de la novela, para que no siguiera haciendo gala del excesivo protagonismo que, un poco en contra de mi voluntad, había tenido hasta ese momento. Aun así, se las ingenió para reaparecer en los capítulos finales, con una entrada triunfal. Algunos personajes son más fuertes que uno.

¿Por qué la música es tan importante en tus novelas?
Porque, al tratar de recrear una ciudad y un momento histórico, es un elemento de gran eficacia y sensorialidad. El ”soundtrack” de Chiquita, por ejemplo, estaría formado por las danzas y contradanzas de Ignacio Cervantes y de Manuel Saumell, habaneras de Sebastián Yradier como “El chin chin chan” y “La frutera mulata”, y también por fox troxs que estuvieron muy de moda en Estados Unidos a fines de los años 1920 y principios de los 1930, como “You’re The Cream In My Coffee”, que me encanta. 

Sé que eres adicto a las bibliotecas. ¿Cuál sería el libro que todavía andas buscando en ese paraíso borgeano?
El Necromicón, del árabe loco Abdul Alhazred, ¿cuál si no? Desde que leí el primer cuento de Lovecraft que cayó en mis manos no he perdido la esperanza de dar con él.

La revista de literatura infantil Cuatrogatos, que haces magníficamente con Sergio Andricaín, sigue manteniéndose como un referente necesario dentro de ese género literario. ¿No hay celos entre El rock de la momia y Chiquita?
La literatura infantil tiene su momento y la de adultos el suyo. No sienten celos una de la otra, digamos que somos un trío muy promiscuo.

En tus historias infantiles hay todo un mundo delicado, sensible, poético, que hace pensar a más de un niño; en cambio, tus novelas y cuentos pueden llegar a sonrojar a más de un adulto.
No tiene nada de extraño. Simplemente, a la hora de escribir, dejo salir por turnos al Dr. Jekyll y al Mr. Hyde que casi todos llevamos dentro. A veces, para mi sorpresa, incluso se han puesto de acuerdo para hacer juntos algunos textos.

Una pregunta inevitable: ¿Escritores favoritos? ¿Libros?
La lista resultaría interminable, desde Fedor Dostoievski y Jane Austen hasta Sándor Marai y Paul Auster. Incluiría, por supuesto, a los cubanos Virgilio Piñera, Eliseo Diego, Dulce María Loynaz y Reinaldo Arenas. Algunos de mis libros predilectos: El diablo en el cuerpo, de Raymond Radiguet; El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov;  Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewski: El unicornio y Bomarzo, de Manuel Mujica Lainez... Mientras más títulos agrego, más me vienen a la mente. Dejémoslo ahí, porque este podría ser el cuento de nunca acabar. 

En Aprendices de brujo los personajes hacen hasta lo indecible por entrevistar a Eleanora Duse. ¿A quién te gustaría entrevistar a ti?
Al protagonista de la nueva novela que estoy preparando, para intentar de entrever al hombre que existió detrás de la leyenda.

¿Qué hace bueno a un novelista?
La posibilidad y la capacidad de crear un mundo capaz de atraer a un lector y de conseguir, durante determinado tiempo, que se sienta parte de él.

Tus historias parecen reinventar un pasado, pero un pasado más fabulado (o fabuloso) que histórico. No sé si estás de acuerdo conmigo.
Completamente. Digamos que busco unas coordenadas históricas lo más estrictas posible y luego lleno libremente ese tiempo y ese espacio con mi imaginación.
ANTONIO ORLANDO RODRIGUEZ:
UN APRENDIZ DE BRUJO ESCRIBE NOVELAS

Entrevistado por Carlos Pintado


Me lo imagino en una biblioteca o en su casa escribiendo historia tras historia (aunque ha confesado que escribe lento) rodeado de duendes, fantasmas y brujos: un aquelarre perfecto para un escritor que elabora, en silencio, una obra sólida y compleja. Cuando habla, tiene esa contención de quien mide las palabras con una vara mágica. Cuando escribe, su mundo se abre a todo un universo de personajes fantásticos, diferentes y controversiales. Ni una palabra más, ni menos. Pienso en Antonio Orlando Rodríguez-el nuevo premio internacional de novela ALFAGUARA 2008- y me intriga un poco ese modo suyo de alejarse del mundanal ruido, rodeado de amigos, de no figurar (aunque lo es) como escándalo literario.
Carlos Pintado
(Pinar del Río, Cuba, 1974)
Poeta, narrador, ensayista y traductor de poesía inglesa. Ha publicado poemas y ensayos en diversas revistas. Su poemario El diablo en el Cuerpo apareció en 2005 por Bluebird Editions. Recibió el Premio Internacional de Poesía Sant Jordi 2006, otorgado en Girona, España, por su libro Autorretrato en azul. Ha publicado el ensayo La seducción del Minotauro. Su libro Los Bosques de Mortefontaine, ha sido publicado recientemente por Bluebird Editions, 2007.

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