revista literaria trimestral | año II - Invierno de 2008 | Bluebird Union, Inc. | dirección: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
© la Zorra y el Cuervo, 2008.
Todos los derechos reservados.
ISSN 1936-1858
Edición y Diseño: George Riverón.
Melanie Taylor
(Panamá, 1972)
Estudió violín en el Plan Juvenil de la Sinfónica Nacional y en el Instituto Nacional de Música. Licenciatura en Psicología por la Universidad de Panamá y Maestría en Musicoterapia por la Hahnemann University (Filadelfia, USA).
Obtuvo la mención de honor en el Premio Nacional de Cuento "José María Sánchez" 2002. Publicó el libro Tiempos acuáticos (UTP, Panamá, 2000) y Amables predicciones (UTP, Panamá, 2005).
Ilustran esta edición
obras del pintor cubano
Yovani Bauta
antes del alba / narrativa
Nos hicimos ambas tanto daño buscando en vano nuestros talentos. Talentos que no florecieron, que no germinaron y quedaron truncados en muñones de desasosiego y acritud. Con reverencia ridícula poníamos los viejos discos del abuelo. Ah, esas voces potentes, estridentes, hablándonos en un idioma que no entendíamos, pero insinuando sentimientos que intuíamos. Yo quería ser soprano. ¿Las sopranos son ángeles, no? Ella, contralto, la voz misteriosa y profunda. Pero de nuestras gargantas sólo salen frases, gritos, gemidos, toses, susurros, hola, buenos días, buena suerte. Los cantos dulces y cadencias virtuosas quedaron incorpóreas envueltas en las gasas del deseo.
Mis dedos torpes y lentos se encaramaban arrítmicos en las teclas negras cuando debían hacerlo en las blancas y caían en las blancas cuando debían subirse a las negras. ¡Cómo sufría la maestra! Quería parecer atenta, aunque en secreto se preguntaba cuándo acabaría su tortura, cuándo dejaría yo de insistir. La dejé ir gustosa y creo que me lo agradeció siempre. Pero Nena... ella no deja ir a la gente cuando se debe, sino cuando ella quiere. Trató con la pintura y sólo obtuvo garabatos y distorsiones de dibujos. Lienzos de blancura resplandeciente que emborronó con sus trazos. Su maestro la dejaba hacer, porque se entretenía haciendo bosquejos de ella. En realidad la deseaba y ella lo sabía. Su maestro de la escuela, de la escuela de monjas.
-¿Te acuerdas, Nena, cuando embadurnaste el piso con tu pinturas?
Deja de pintarse las uñas por un momento y suelta una carcajada.
- ¡Ah, sí!. Ningún cuadro me salía bien. Se queda un rato en silencio y luego agrega:-Pero ahora me pintan a mí.
Una tarde lluviosa llegó sonriendo mientras la abuela iba detrás con la cara seria y angustiada. Se tiró en esta misma cama sin quitarse los zapatos y sosteniendo un cuadro entre sus manos. ¿Qué sucede?, pregunté, pues aquel día yo no había ido a la escuela a causa de la gripe. Ella lo contó todo risueña, sin darse cuenta de cuánta crueldad había en cada palabra, cada suspiro, cada risotada. ¡Su maestro la había pintado desnuda! Rememoró cada encuentro furtivo, cada beso apasionado, sus frases entrecortadas... Y cuando terminó la pintura lo acusó de seducirla y las monjas lo echaron. ¡Por qué hiciste eso!- le grité.- Nadie podrá pintarte tan hermosa. Sólo él, habiendo descubierto la maldad que hay al final de tus ojos, te ha amado.
Me miró y dijo, mientras sostenía el cuadro con la punta de su dedo índice: ¿Lo quieres o no? Fue el primero de mi colección. Después vendrían los libros, las canciones, los poemas y más cuadros. ¿Soy acaso cómplice de su maldad? Pero si no guardase yo cada obra, de seguro las rompería o las tiraría.
-¿Por qué no pones esa canción de Piaf que tanto me gusta?- dice mientras se prueba unos zarcillos. A mí también me gusta esa canción. Tarareamos un rato juntas.
Mejor pon algo de piano- interrumpe- El disco ese de la portada azul. Sí, ése. Me recuerda al pianista.
Me lo recuerda. Guardo la pieza que le compuso a Nena en mi cajón bajo llave. Es una pieza sublime. Algún día le pediré a Edgardo que la toque. Quizás se la regale, pero tengo que esperar un poco más. Me duele desprenderme de ella.
El pianista era un hombre hermoso. Pocas veces se dice que un hombre es hermoso. La gente dice que un hombre es guapo o que es atractivo. Interesante, también.
Pero, ¿hermoso? Con cuarenta años recorridos, no entiendo cómo no olió la fatalidad al conocer a Nena. Al leer sus cartas y ver las fotos la envidié tanto. ¿Lo harían en el piso al lado del piano, en la mesa luego del almuerzo, en la noche entre cobijas? ¿Cómo tocarían sus manos, cómo prodigaría sus besos, cómo se sentiría su cuerpo? Entonces sobrevino su dureza. Sutilmente lo fue envolviendo en sus peligrosos juegos; combinando pastillas de colores y los ebúrneos polvos que prometen quimeras; haciéndolo alejarse de sus amigos, perder contratos. Embriagadora y lúdica maldad. Ni siquiera su belleza la detuvo. ¿Cómo puede ser tan...?
-Bueno, estoy lista.- anuncia contenta.- ¿Estos rizos no resultarán muy exagerados?
-¡Te ves hermosa!
-Entonces, dame el número.
-Yo no sé, es que eres tan mala a veces...
-Es un fotógrafo profesional. Sus fotos salen en las revistas. ¡Por Dios! Tengo que conocerlo.
No tengo ninguna foto en mi colección. Nena debe resultar fascinante en fotos, como una diosa. Quizás la próxima vez me niegue, puede que incluso le advierta al hombre sobre Nena. Pero una foto... una foto de un artista...
-Estoy esperando, se me hace tarde.
- Ah ,sí. El número es... mejor te doy la dirección: Hotel Caribe, habitación cuarenta y tres.
Nena gira, quedando así frente al espejo, y yo me coloco detrás de ella. Por un rato nos contemplamos ambas, reflejos una de la otra, espejos reflejados en espejo. Puede que Nena tenga razón y no soy tan buena como a veces pienso.
REFLEJOS
por Melanie Taylor Herrera
- ¿Me vas a dar el número de teléfono hoy o cuándo?
La voz de Nena suena dura. Más que una pregunta es una orden. Está sentada allí, delineándose los ojos, bordeándoselos con líneas negras muy finas como si dibujase un delicado anagrama, símbolo de sus veleidades. Siempre adornándose; llenándose de abalorios y perfumes; cultivándose como a una rara variedad de flor; ocultando la acrimonia que reviste secretamente su carácter; buscando atraer, fascinar, retar, atrapar las almas elegidas para ser vaciadas, lentamente, suavemente, con la misma fuerza con la cual se arranca el ala de una mariposa. El negro le hace ver sus ojos más almendrados, más misteriosos. Unos ojos que cuentan historias, que dicen que ha vivido mucho, odiado mucho, hurgado en sus sentidos, sufrido.
Y en realidad ha vivido viajando, sin preocuparse de su edad, de un oficio, ha ido de una lado a otro como una trashumante de ciudades: un invierno lo pasa en una y en verano la abandona, dejando migajas de un alma consumida y llevándose consigo el producto de su influencia.
-Me juzgas, crees que tienes más moral que yo- dice mientras empieza a pintarse las uñas de los pies de un rojo intenso. Una a una, con calma, con placer.- El amor al arte nos ha dañado a ambas. En realidad no eres mejor que yo, sólo crees que eres mejor.
Estoy acostada en la cama con mi vestido todo ajado. Frente a mí, Nena está de espaldas al tocador y su cabello se refleja en el enorme espejo.