revista literaria bimensual | año II # 1 - septiembre/octubre de 2007 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
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© la Zorra y el Cuervo, 2007.
Todos los derechos reservados.
ISSN 1936-1858
Diseño: George Riverón.
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jardines invisibles / poesía
I PREMIO DE POESÍA LA ZORRA Y EL CUERVO

PRIMERA MENCIÓN

MIS AMISTADES PELIGROSAS, de Ghabriel Pérez



AMIGOS PELIGROSOS

                                                                      
a Luis Yuseff


Mary sigue viviendo en Lizar Hill,
el romántico sitio que nos viera nacer. Carlos,
se hizo Testigo de una secta donde dicen que yo,
en los próximos días moraré en el Infierno
En Italia, Daily, guarda mis robles
disecados en un libro y cerca de ella
Paolo Voltollini no contesta. Dice Zenaida que jamás
retornaría del South West. Los e-mails de Agustín
sobrevuelan el Cotopaxi, los de Víctor se entumecen en la nieve condal
y los de Ernesto, desde Kioto, transmutan en un dialecto indescifrable
He recibido un sobre con postales,
fechado en un diciembre madrileño,
antes de abrirlo supe que era de María
Oneida, desde el Vedado, escribe a pesar del Parkinson y las cataratas,
pero sus cartas se hospedan en parajes de mayor seguridad. Alguien,
que se llamaba Orlando, muy pronto ha de partir,
antes de hacerlo, ya nos olvidó. Alguien
que se llamaba Eduard, se fue ayer...
no pudo escoger hora más tremenda, tarde lluviosa
crudelísimo mes, mientras cantaban en la radio:  
                                                             si me quisieras lo mismo
                                                             que veinte años atrás.
fotografía:
de la serie
El primer minuto,
de Aitana Guzmán
(Premio de Fotografía La Zorra y el Cuervo 2007)
BOTELLA CONTRA EL MAR

                                                              
Yo no soy yo,
                                                                         ni mi casa ya es mi casa.
                                                                                          
Lorca


Después de largo tiempo sin escribir poesía
Mayda Pérez Gallego viaja a Gibara
a alimentar tiburones en la costa. Desnuda de diciembres,
desafiando tormentas que pretenden hacer nido en su pecho,
se desplaza bordeando el alto muro
para lanzar sortilegios
en aguas descubiertas por Cristóforus Columbus
hace 500 años. Mayda Pérez Gallego       
-con las fuerzas de quien ha encerrado
la ira entre los vidrios-,  lanza botellas contra el mar
Y lanza sus libros. Sus lágrimas. Su sed de mujer viva
junto al último aviso de que había
paciencia en su balcón de soledades, luego,
se tiende a dormir. A morir. A imaginar una milonga de Yupanqui. Un vals
donde Chabuca dice al oído: déjame que te cuente, poeta,
la historia que evoca la memoria del viejo río del puente
frente a la página en blanco
que forman las arenas. Mayda Pérez Gallego
regresa. Hondo es el dolor para quien dice adiós
Torpe el encuentro en la ciudad natal. Holguín sufre
su fúnebre función de mediodía :
soleado, sólo alcohol, parques sin flores. Ciudad
crucificada en el centro del pecho.                       Ella,
convencida de lo angosto que será hallar aquí un alma como la suya
enciende un cigarrillo, bebe apurada un sorbo de té
y alquila el auto, que en poco tiempo
la devuelve a Gibara,
el agua fiel donde la esperan
los tiburones de la costa. Hay sirenas,
caballos, caminos de algas y de coral. Hay
una voz antigua que la está llamando.  Mayda Pérez Gallego,
se despide y tras ella se lanzan sus amigos.



KONSTANTINOS KAVAFIS DA INSTRUCCIONES
DE NO ABANDONAR SANTIAGO


                        "Ah, Emilia, de hierro fiero y de venganza armado
                         a verte volveré y en voz sublime, entonaré de triunfo un himno
                         bello mas si en lides  -enemiga fuerza- me  postra ensangrentado   
                         por lo menos,  no tendrá mi cadáver tierra extraña".
                                                                                                                 JMH
                   

Isla como lejana Ítaca. Patria que tiene tanto de Grecia
como tú mismo: Konstantinos Kavafis
Atrio donde el tedeum de los mancebos
son los versos de Piimata. Otros prefieren
mezclarlos en la música, decir el humo buscándote en el gesto
de levantar la copa y encender un cigarro

Isla donde el azar busca a Tamide, el pálido muchacho
que abandonó tu casa por una villa sobre el río. Puerto de tarde gris
Distante el faro. Urgencia de estas plazas
donde los guardas te confunden. ¿Qué decir?
¿Con qué verso "matarlos",
convertirlos en Rémora        
Imeno          
Adonis?

Ah, excelso emperador,
en tu diáspora de soledades
no encuentras sino sombras
tempestad y desvelo
pétalos inertes de una barca
discursos sobre el agua sin brújulas

- Alas de mi quetzal, cascadas de mi exilio
Quién viene a hurgar en mis cenizas de ave deportada
Qué urgencia le hace dejar la Cólquide,
partir a tan lejana Ítaca. Qué voz de ángeles estremece
en su canto mis paredes, que por la suya el pozo vuelve a soltar las sogas
y el agua hace coro al crujir de la roldana en mi patio de helechos

- Ah, desterrado, envuelto en penas de ultramar,
no sabe usted que las aguas del Mediterráneo
se hermanan en el Cauto junto a los iceberg del Niágara,
luego bordean el golfo alejandrino. Borrosas páginas de El Fígaro
hablan de conquistar el Teocalli
la gloria del Popocatépetl y el Anáhuac
en la goleta de la aurora. ¿Pretende dejar la casa del doloroso parto
de la señora Mercedes, puerta con puerta al gabinete
de don José Francisco?  ¿Pretende así cambiar 
la despatriada suerte?  Santiago irá en su barca. Tras cada silencio suyo
habrá una piedra saltando las secretas intenciones
En estas mismas calles han de lucir las canas de la infancia. Sobre estos
techos la angustia de sus ojos al soplar los alisios de la tarde   

Mil veces maldijo el hermoso Walt
no haber regresado en su lecho de muerte a West Hill
Florencia, aún llora las cenizas de su bardo mayor
sepultado en Ravena: la toscana ciudad tuvo que contentarse
con esculpir su estatua en Santa Croce. Shelley
robó los restos funerarios de su amigo 
para darles sepultura en tierra natal y él mismo,
no tendría paz hasta que su cadáver fuera hallado
en la playa de Viareggio
para el retorno a la Bretaña
de sus primeros días

No deje que su cuerpo yazga lejos,
luego, será el lamento de las palmas. Qué cruel pintura esa palma
malherida por la furia de los huracanes:
"Ay  las palmas, las palmas
las palmas son novias que esperan"
.
-Las palmas. Ay, las palmas, sus penachos al viento,
las palmas recuerdan las mandrágoras de Edom
y recuerdan la esperanza de un imposible retorno a la alegría
de la ciudad más negra y la ciudad más blanca


Otra noche no hay. Otros tejares ni balcones
Soles ni lunas habrá, José María,
lejos de aquí, su vida se destruye en toda la América
Maternal y fecunda, la ciudad se hunde en su descuido
y la angustiosa patria
en su Santiago,
el último refugio.     
Ghabriel Pérez
(Holguín, Cuba, 1968). Tiene publicados los poemarios: Canción de amor para el fin de los siglos (Ediciones La Luz 1999), En brazos de nadie, Premio de la Ciudad 1998, que apareció bajo el sello Ediciones Holguín, que también le ha publicado Hijo de Grecia (2005). Con el libro de cuentos El parque de los ofendidos obtuvo el Premio Calendario 2001, Casa Editora Abril 2002. Reside en su ciudad natal.