revista literaria bimensual | año II # 1 - septiembre/octubre de 2007 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
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© la Zorra y el Cuervo, 2007.
Todos los derechos reservados.
ISSN 1936-1858
Diseño: George Riverón.
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jardines invisibles / poesía
II

A veces la voz no alcanza la duración del día
y es preciso desplazar la luz a las imágenes calladas
en la sintaxis recuperada a través del juego mudo
esa formula de gestos buscando la composición del aire
                                                   la determinación de su desnudo
                                                   la prolongación de esa ciega sospecha de inexistencia
                                                                                                                 de sin latido
A veces la luz no alcanza la duración del habla
y es necesario deslumbrar colores que iluminen la breve realidad
la furtiva rebelión de lo inaudito
revelación de ese frágil mirar
esta farsa del etcétera divulgando los objetos subrayados
el pronombre no escrito pero oscuramente colocado como argumento común de persona 
          o cosa
el adjetivo calificado con el que se piensa llamarle

A veces el día no alcanza la prolongación de la cosas
la duración de la luz, la voz , la mismísima sombra
pero sus ecos van declarando conocimientos internos
presentimientos en la epidermis  del fantasma

A veces el que nos alcanza es el silencio
y en su imperceptible destello
su obsesión transformada nos trastoca.


III

Por las grietas del día se nos filtraran fantasmas
líquidas ausencias vertiendo su inmensura
ningún sitio permanecerá  salvo
ningún minuto servirá de dique
ningún nombre será cristal, pared de estanque
porque todo dolor tiene memoria
todo recuerdo busca su antiguo cause
su río de tiempo
corriente inmóvil que la memoria entrampa
porque será la tarde esa  ley de fuga
por donde escaparan las cosas que nos duelen
no bastará el perdón su vueltatuercas
el impermeable de Dios para salir a la calle
para nadar a ciegas esta ciudad que nos inunda
para cerrar la lluvia
que irá       contando      sus ahogados.


IV

Un buen día
despertamos con que en esta casa nuestra
                                                                          la infancia ha dejado recuerdos intestados
rincones a multiplicar
donde toda carcajada jugó con su aire imaginario
donde todo grito columpio sus cuartos
con el tirante elástico del miedo

Un buen día de estos
nos damos madura cuenta
que toda corta realidad termina con los largos sueños
y que un rumor de orfandad irá proponiendo reglas nuevas
que todo dolor inminente será vitalicio llanto
cuando la ausencia jure su fidelidad solemne
y nada de ese niño sea de nuevo
el hombre que somos
lo hermano que fuimos
esa desnuda luz que ya no crece
por la pública sombra
que tiembla a ratos
                       bajo la lluvia.


V

Será el después
cuando la ausencia venga por nosotros
y la luz no asuma pertenencia alguna
y el viento, este ir y  venir de puertas
no tengan otro propósito oscuro
que sacudirse el tiempo
relámpago de cenizas
metéoro ventarrón derrumbando los gritos profundos
                                                            nuestros ojos de roca
                                                            ese marmóreo corazón de estatua
Será el entonces
cuando este remolino de sangre ardiente tome su venganza equivocada
sumando sus desaciertos de hormiga
la fila de grietas de noches amargas
cuando la palabra espumosa desatada
tome su metamorfosis de furia
y la noche rompa sus ligaduras de sombras
sus vigilias solemnes en estos cuartos insomnes
y todo sea un rasgarse las vestiduras de mártir
nuestra ceguera de héroe
con el amor postrado de rodillas.


VII

Estará aquí
viéndonos quitarle el polvo a los retratos
a la puesta sombra que a llanto poco se colora
mirará este tanto dolor domiciliario
el rito del café
la ofrenda de recuerdos compasivos
estará allí
haciendo su ronda amanecida
al principio de la tarde
a la hora en que dicen que la noche cuenta  los caídos
y será aquí
donde la certeza frágil rinde por fin sus condiciones
sus argumentos falaces :
S u e ñ a   
V i v e 
P e r m a n e c e
donde silencioso y quieto irán proponiendo su adjetivo  inmóvil
y ni la luz abierta
ni ventana alguna podrá contradecir este levantar los huesos
los sortilegios quebrados
los presagios anidados sobre las costillas huecas
los gargantas secas que aún esperan el milagro


VIII

Cuantas puertas habrá que derribar
cuantas ventanas faltaran para sacar el viento
ese lento olor a muerte
ese fresco recuerdo que se estanca  como vaho de gardenias  secas
de tierra húmeda cubriendo los  estantes
de polvo disperso donde no pueden sembrarse árboles
                                           o confundir de verano el infierno  adentro que se planta
que crece trepando los roperos repletos
avivado  fuego  de vicarias agrias
de fotos que nunca  se enmarcaron
canícula interior
acartonada postal de la tarde
Cuantos sótanos habremos de abrir para guardar los restos
¿cuan profundo será?
¿hasta donde excavar el tiempo?
este rincón de preguntas
cueva sin lámpara
casa sin eco
este silencio cansado ya
del esperado  arribo
de sus nuevos huéspedes.


IX

Lo supe ahora
un cumplido temor brotará de estas mudas ruinas
y la terminación del día será una larga procesión de objetos derrumbados
aun la fe con su agujero profundo en la pared de los huesos
aun el tiempo colgado del fijo nudo en la garganta
pude saber  que el temor inflamado puede romper aún las ventanas desvestidas
que toda ausencia derriba las puertas con el poder de su blancura
que ninguna mirada por más profunda
cae sin orientación y sin misterio
que tarde que temprano se quiebra también el cuerpo enfrascado en su vitrina
cuando se dejan oír los crujidos invisibles del recuerdo
y el peso de la vida cae
                              sobre la sombra
                                                      de las cosas.


X

Entre la calle y la ciudad está una casa
y a la mitad de ella
su habitante suspendido
en él se  plantarán los símbolos
que fundarán las señales nuevas
él posee la maldición de los destierros
la errante sangre derramada
el inconformismo bestial inaplacable
animaloide al fin   pata de perro
rondará contra natura
por los siglos que vienen
sobre la tierra.


Lorenzo Morales Mendoza
(Villahermosa, Tabasco, México, 1973) Premio Estatal de cuento Tabasco 2002, Premio Estatal de Poesía Tabasco 2006, Premio José Carlos Becerra de Poesía 2006, Becario del Fondo para la cultura y las artes 2005.
I PREMIO DE POESÍA LA ZORRA Y EL CUERVO

MENCIÓN

CASA NUESTRA, de Lorenzo Morales Mendoza



I

Ya lo había dicho antes
uno tiembla y gime en estos cuartos cerrados esperando el resplandor del día
titubea como la mañana misma que no viene
y después invade lo todo con su murmullo sordo
                                         con su estrépito de gestos nombrando dolorosos lugares
Y es cierto
a veces uno se ahoga sin poder comprenderlo entre esas voces dormitadas
                                                                                                              cuerpo adentro
y pretendemos gritar a ojos  abiertos el miedo invisible
el invencible volumen de nuestras alucinaciones quebradas en medio del silencio
                 a la mitad del sentir interior
Sí, a veces uno toma sus posiciones de estatua
y ninguna levadura de luz  logra remover la materia sombría
el objeto de sombra que todo brillo siempre nos oculta
y es imposible deslizarse por alguna fisura de  fe
                                         por alguna  minúscula duda
Si, a pesar de que uno erige la duración de su imagen bajo esa aproximación basada en  
               la sospecha
en las líneas que el espejo serpentea sobre el ojo
sobre el disfraz elegido a conveniencia
con meticuloso pudor
con la exactitud del  yo coincidiendo con el  él posible
se vuelve imposible ocultar que uno no habita estos cuartos cerrados
el aire sumiso
este silencio tenaz que va abriendo corredores, ventanas contiguas,
                                                                                                     compartimentos  secretos
Y entonces se vuelve necesario decirlo
a pesar de las puertas en uso
uno gime y tiembla en la vigilia que merodea toda memoria
como esa casa nuestra deshabitada  y en venta
fotografía:
de la serie
El primer minuto,
de Aitana Guzmán
(Premio de Fotografía La Zorra y el Cuervo 2007)