revista literaria bimensual | 6ta entrega - julio/agosto de 2007 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
© la Zorra y el Cuervo, 2007.
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ISSN 1936-1858
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GAZTELU Y LA DÉCIMA

por Ronel González


Uno de los poetas más singulares dentro del Grupo Orígenes fue el Padre Angel Gaztelu Gorriti (Puente La Reina, Navarra, España, 19.4.1914- Estados Unidos, 30.10.2003).

Autor de los libros Poemas (1940) y Gradual de laudes (1955), Gaztelu es, a pesar de la calidad de su obra, uno de los origenistas menos conocidos, quizás debido a la pobre difusión de su poesía, a ciertos prejuicios por el hondo sentido católico de la misma o al hecho de haber escrito sus libros tan cerca de figuras emblemáticas de la literatura cubana como Lezama, Eliseo, Fina, Cintio, Virgilio Piñera y Gastón Baquero, que proyectan un cono de sombra sobre el resto de los autores.

En uno de los últimos libros publicados por Cintio Vitier, donde se ocupa de ese significativo momento de nuestras letras, el gran ensayista cubano se quejaba de la poca atención por parte de la crítica a la obra del Padre Gaztelu.  En ese texto, el autor de Lo cubano en la poesía expresaba: “Hasta donde conozco, echo de menos estudios [...] dedicados al robusto y transparente cántico del padre Angel Gaztelu”(1) y tal aseveración apenas ha motivado a los investigadores del tema, puesto que muy poco se ha escrito en los últimos años acerca del poeta Gaztelu. Un ejemplo del desinterés hacia esta obra es el libro Orígenes, la pobreza irradiante del multipremiado ensayista Jorge Luis Arcos, donde no aparece ningún estudio acerca del autor de Gradual de laudes.

Elogiada por el gran poeta Lezama, la poesía de Gaztelu muestra su filiación por una realidad fecundante que lo rebasa.

El fervor por la edificación, la entrega a sus oficios, hacen que la poesía del Padre Gaztelu, esté venturosamente más allá del poema [...] Desde la gravitación del imposible hasta la resurrección, desde la transustanciación hasta las operaciones de la gracia, la poesía lo ronda como un imposible que el milagro reitera con una constancia que o ciega. El poema, a veces, desaparece entre la totalidad de los símbolos que la poesía arrastra y otras destruye. (2)

Gaztelu pertenece a la estirpe de la aprehensión de la sustancia mística en la poesía en lengua española y a la saga del barroco, no por el canto a un paisaje apenumbrado, lóbrego, huracanado y si se quiere monstruoso, como ocurre en gran parte de la obra de Góngora o del propio Lope, sino por la espiritualización de la naturaleza, a través de un discurso pletórico de modos lingüísticos propios de ese estilo dieciochesco y universal.

Su obra lírica, a pesar de la brevedad, agrupa poemas en verso libre, sonetos y décimas de una belleza insuperable. En el caso de sus espinelas incluidas en Gradual de laudes, según Virgilio López Lemus, “pueden situarse entre lo mejor del decimario culto del [siglo XX]“. (3)

Llama la atención, no obstante, que a pesar de una opinión tan autorizada como la de López Lemus o el hecho de que Samuel Feijóo incluyó en La décima culta en Cuba dieciséis de las dieciocho décimas pertenecientes al libro más conocido de Gaztelu, un estudioso como Adolfo Menéndez Alberdi apenas lo menciona en La décima escrita (p.253) y cita la décima “Nardo”, cuando se refiere a la antología La poesía cubana en 1936 de Juan Ramón Jiménez. 

Del total de estrofas octosilábicas presentes en su libro, diecisiete responden a la distribución de rimas de la espinela y una, la titulada “Garza”, es una muestra de las inquietudes transgresoras del poeta, rasgo generalizado entre los origenistas y que emparenta a Gaztelu con las búsquedas expresivas y formales de Lezama.

Garza, concepto que exalta
nieve: síntesis de espumas:
alma de mármol las plumas,
que, en apoteosis alta,
con pleno candor resalta.
Si te copia los buidos
espejos de azules lunas
de las dormidas lagunas,
bruñes en nimbos fundidos,
sueños de marfil pulidos.

Gaztelu gusta de la expresión cuidadosa, de adjetivaciones elegantes, de la imagen de estirpe barroca y de epítetos atractivos que funcionan como símiles. El nardo es “nevado galán sutil”, la rosa “alumna celestial”, el girasol “astrónomo teatral” y el caracol “instrumento variopinto”, en esta poética donde son recurrentes las temáticas relacionadas con las aves y las flores y que, desde un primer instante, llamó la atención de Vitier.

Primero fue el barroquismo candoroso de sus décimas donde la tradición de metáforas sobre flora y fauna cubanas, iniciada por Zequeira y Rubalcava, y los elogios ingenuamente preciosistas de las glorias naturales, que tuvieron en Julia Pérez una fina mantenedora en el siglo XIX, hallan nuevo encendido apoyo. (4)

Poeta esencial, Gaztelu fue un conocedor de la poesía de los clásicos del Siglo de Oro y de la obra de los grandes místicos de nuestro idioma. Su obra, deudora de esa tradición, despoja los viejos moldes del discurso criollista nacional e inyecta un espíritu renovador en nuestras letras, como hicieron Lezama y Eliseo en la décima.

La honda sencillez de su discurso, el empleo de los tropos y la eficacia de los mismos son elementos que no pueden faltar a la hora de valorar sus estrofas, conformadoras de otro cosmos, otra manera de comprender la literatura, para nada despreciable en el contexto de la lírica insular.

Contrario a la opinión del poeta y ensayista Roberto Méndez, quien afirma que “sus décimas, no exentas de gracia, se pierden a veces en una especie de colección de volutas clasicistas sin legar a esa magia y fluencia que destaca en los mejores cultivadores del género”, (5) estimamos que sin considerar al poeta como uno de los más grandes decimistas cubanos, precisamente una de las virtudes de las estrofas de Gaztelu -y de los origenistas en general- es su ahondamiento en la tradición clásica de la décima, para devolverla a sus orígenes cultos en instantes en que ésta desandaba los agrestes paisajes de la isla vestida con atuendos campesinos o de manos del neopopularismo.

La supresión de la anécdota, la utilización abundante del símbolo y de un dinamismo  negativo, por el sentido retardatario de la expresión para intensificar los significados; la utilización del hipérbaton como elemento de valor expresivo, entre otras características presentes en estas décimas, conforman la cosmovisión simbólica del poeta, quien logra espinelas verdaderamente antológicas para la historia de nuestra literatura como la titulada “Girasol”:

Girasol, patena al sol,
planeta al jardín caído,
que sigues tu no aprendido
claro rumbo tornasol.
Bien se alegra el caracol
si tú giras, giras, giras,
cuando al sol glorioso miras,
astrónomo teatral,
cuando es todo musical:
brisa, sol, cigarra, liras.

Gaztelu hace uso abundante de la imagen, cuya delicadeza otorga plasticidad al discurso, la personificación, el símil, las enumeraciones que enriquecen esta manera de decir y que, como ya habíamos señalado, por momentos es muy cercana a la obra de Lezama.

Otros recursos de los que se vale el poeta son las construcciones anafóricas, los versos cuatrimembres, la aposiopesis o interrupción del discurso, el encabalgamiento, las rimas interiores con el fin de otorgar musicalidad al verso, la aliteración y la tmesis, que consiste en interrumpir una palabra al final del verso y continuarla en el próximo, etc.

El estilo de Gaztelu es suave, musical, delicado, expresión del tenue barroquismo del autor  quien, además, da rienda suelta al individualismo e irracionalismo de su pensamiento poético y canta intensamente tanto a lo telúrico como a lo espiritual. 

Junto a sus magníficos poemas escritos en verso libre, que no sólo pueden situarse entre los de mayor aliento católico escritos en Cuba, la sumatoria de recursos estilísticos y artísticos empleados por el poeta y perfectamente armonizados en el cuerpo de sus décimas, consolidan estos textos entre los más representativos de la décima en la Isla y  ameritan un estudio más detenido.

Finalmente concluimos esta breve aproximación a las espinelas de Gaztelu con una de sus estrofas más conocidas y que merece repetirse en un estudio de la estrofa nacional cubana por los valores de la misma:



Nardo

Nardo, anunciación de Abril,
voluntad plena de aromas:
nardo, virtud de palomas
que lleva el alma al marfil.
Nevado galán sutil,
no está bien que tú presumas
de ese candor que rezumas;
pues tu esencia sigilosa,
más que de nieve es de rosa
y es más de fuego que espumas.

Anterior a los origenistas, pocas veces un autor nuestro había logrado la intensidad de las décimas de Gaztelu, poeta que imprime la singularidad de su voz lírica al octosílabo y trasciende los modos de hacer de la tradición poética nacional.

(1) Vitier, Cintio: Para llegar a Orígenes, p. 94.
(2) Lezama Lima, José: “El padre Gaztelu en la poesía”, pról. a Gradual de laudes, p. 14.
(3) López Lemus, Virgilio: La décima; panorama breve de la décima cubana, p. 45.
(4) Vitier, Cintio: Lo cubano en la poesía, p. 471.
(5) Méndez, Roberto: “Miraba la noche el alma”, en La Gaceta de Cuba, p. 11.
Ronel González(Cacocum, Holguín, 1971). Poeta, investigador y escritor para niños. Miembro de la UNEAC y de la AHS. Ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales. Es autor de la investigación en proceso editorial Diccionario de autores de la décima cubana. Ha publicado varios libros, entre los que se destacan: Desterrado de asombros (Ed. Letras Cubanas, 1997), Zona franca (Eds. La Luz, 1998), Consumación de la Utopía (México, 1999), La furiosa eternidad (Eds. Unión, 2000), El Arca de No Sé (Ed. Oriente, 2001). Reside en Cuba.
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