revista literaria bimensual | 6ta entrega - julio/agosto de 2007 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
© la Zorra y el Cuervo, 2007.
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ISSN 1936-1858
Diseño: George Riverón.
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La búsqueda de Zoelia Frómeta Machado ocurre por vía del dolor, un dolor que se apoya en la denuncia, o en la plegaria. Y es así que su poesía se vuelve íntima, alegórica y categórica en la configuración de sus planos vitalicios: va revelando contundencias ontológicas, preguntas que son también respuestas, todas dadas de antemano en un lenguaje sencillo, pero fresco y, de igual modo, fulminante. Es como si el golpe bestial lo recibiera por sí misma por segunda y tercera vez como una forma de hacerlo más afilado y estentóreo, es decir, más puro o más consciente. Su palabra es serena pero contiene giros donde esa serenidad, formidablemente, penetra en la mente del lector como el dardo arrojado al enemigo. Cuando hablo de pureza, me refiero a un híbrido cabal en su propia naturaleza expresiva, sostenida ya en un lamento desesperado o en una línea de provocación de la conciencia. Es decir, las palabras son puntas de lanza capaces de producir la herida mortal. El punto más alto lo constituye el dardo metafórico que opera como un boomerang cuyos giros ensartan los elementos esenciales de su visión total del mundo.

En El fervor de las bestias, hierve la voluntad excesiva de retorno y de escape. La poetisa nos habla de múltiples formas de entretejer la imagen de la soledad y del desengaño mediante la puesta en escena de la claridad, que constituye por un lado su peso y su volumen; por el otro, sus proyecciones hacia dentro, donde se encuentra el imperioso deseo de negación, de salvación (o rescate) y de duda. No deja de ser motivo de sorpresa en estos poemas de Zoelia Frómeta Machado la precisión de los vocablos en un orden majestuoso que aspira a revocar las procesiones comunes, con su buena descarga de ideas simples e ideas fuertes en las cuales destaca un desbordamiento de la interioridad y un desgarramiento sostenido y exorcizante.
ZOELIA FRÓMETA MACHADO
Y EL FERVOR DE LAS BESTIAS

por José Alejandro Peña


La poesía es fervor, alucinación y contraste. Fervor que alucina y contrasta con el mundo, ese mundo naciente de sí mismo en la palabra instintiva o circunspecta, palabra elemental que refleja lo otro, lo siempre inalcanzable del corazón humano. De allí parte y hacia allí regresa. Si el hombre en su ser más íntimo pregunta por las cosas perennes que le acosan ¿cuál sería, entonces, la respuesta sino otra interrogante ante el silencio apático, fornido y agresivo? La imagen reflejada, desdoblando el sentido, buscando esa carencia de afición prematura, el centro, como diría yo -si me acordara bestialmente- de lo arcano, pone en marcha sin rimbombante apego, la raigambre de su novedad latente. Dicho esto para entrar solemnemente a la antesala de un libro imponente por el grado llano de su escritura que, pese a eso, muestra todas sus ondulaciones sorprendentes. Me refiero al libro El fervor de las bestias, de la poetisa cubana, radicada en México, Zoelia Frómeta Machado.
José Alejandro Peña (Santo Domingo, República Dominica, 1964).
Obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1986 con su libro El Soñado Desquite.
Ha traducido poemas de Wallace Stevens, Mark Strand, Ezra Pound, Vasko Popa, entre muchos otros.
Fundó la Sociedad Internacional de Escritores, y dirige las revistas de poesía Paradoja y The Refined Savage Poetry Review (en inglés).
Ha publicado, además, Iniciación Final, Pasar de Sombra, Estoy Frente a ti, Niña Terrible, Blasfemias de la Flauta, Mañana, el paraíso, El fantasma de Broadway Street y otros poemas, y La vigilia de todas las islas. Reside en los Estados Unidos.
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