© la Zorra y el Cuervo, 2007. Todos los derechos reservados.
Diseño: George Riverón.
revista literaria bimensual | 4ta entrega - marzo/abril de 2007 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
inicio
sumario
jardines invisibles
antes del alba
letra con filo
testamento del pez
convocatorias
enlaces
escríbenos
librería
premios recibidos
L
E
T
R
A

C
O
N

F
I
L
O

ensayo
Ronel González(Cacocum, Holguín, 1971). Poeta, investigador y escritor para niños. Miembro de la UNEAC y de la AHS. Ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales. Es autor de la investigación en proceso editorial Diccionario de autores de la décima cubana. Ha publicado varios libros, entre los que se destacan: Desterrado de asombros (Ed. Letras Cubanas, 1997), Zona franca (Eds. La Luz, 1998), Consumación de la Utopía (México, 1999), La furiosa eternidad (Eds. Unión, 2000), El Arca de No Sé (Ed. Oriente, 2001). Reside en Cuba.
José Lezama Lima
Preocupado por las esencias y por la unidad cósmica de la poesía, en la medida en que avanzaba su proceso creador ideó un sistema poético del mundo que, aunque no pretendía ser una explicación de su manera de entender la poética (como él mismo señaló en la Recopilación de textos sobre José Lezama Lima (1)  sentó las bases para comprender mejor al poeta y al individuo Lezama.

En su “Introducción a un sistema poético”, publicado en Tratados en La Habana (1958) escrito en 1954, el autor de “Muerte de Narciso” desarrolló -no sin que muchos de los argumentos expuestos resulten polémicos- una concepción de la poesía de basamento católico y, por supuesto, metafísico en su intento de volver a dar nombre a las cosas partiendo de conceptos existentes.

Pese a que Lezama fue variando algunas explicaciones con el transcurso de los años, se mantuvo fiel a su tesis inicial de alcanzar la inmortalidad y el conocimiento a través de la poesía, de su inmanencia cognoscente y, por ende, de la permanente búsqueda de la sabiduría del poeta situado como demiurgo ante el caos a ordenar.

Para él la poesía posibilitaba el ordenamiento de la desmesura, de lo caótico primigenio a través de la supresión de los opuestos, de lo antinómico sin “prescindir de los equivalentes, de las variantes al éste y aquél en la semejanza de las pausas y las respuestas” (2) proceso en el cual se establecía “una intercomunicación de símbolos” (3)  que se hipostasiaban en el lenguaje poético para facilitar la penetración en el mundo de la imagen (imago). O sea, Lezama pretendía “acercarse al risueño desconocido de los dioses” (4) mediante “lo visible conjurado en la poesía” (5). Utilizar los elementos de la realidad para inaugurar la realidad otra, era, pues, renombrar lo existente para establecer lo polisémico, tal y como comenzó a explicarlo en su “introducción a un sistema...”.

En ese texto medular de la obra lezamiana, aunque el poeta confesó en una entrevista que su sistema poético “no [pretendía] tener ni aplicación ni inmediatez. [Que no aclaraba ni oscurecía], no se [derivaban] de él obras, no [hacía] novelas [...] [y que lo que pretendía] era un hechizamiento, una dilatación de la imagen hasta la línea del horizonte” (6) Lezama inaugura su discurso con una referencia directa a la Poética de Aristóteles (para volver casi al final sobre el mismo tema y argumentar cuáles eran, a su entender, los principales aportes del filósofo) explicando la constante y arcádica avidez del hombre “como hambre protoplasmática, como mónada hipertélica” (7) que lo conduce hacia el conocimiento, a la ordenación del caos, como ya se ha dicho y, desde el primer momento, se refiere a la inmortalidad como aspiración suprema desde la época de los griegos antiguos, valiéndose de un barroquismo verbal característico de su estilo, donde lo voluptuoso y lo sensual permanecen en el trasfondo de la exégesis.

Habla del “imposible sintético” (8) de  la poesía, de ese universo que existe más allá de las palabras o de los versos, que persigue el creador y que, sin embargo, permanece oculto, enigmático ante los ojos del lector, y después afirma que “el discurso poético va incorporando en una asombrosa reciprocidad de sentencia poética y de imagen, un mundo extensivo y un súbito” (Subrayado del autor), (9) una posibilidad significacional mayor, algo que está y que no vemos, aunque es inevitable “la duda hiperbólica”, (10) lo existente ante lo cual nos mantenemos escépticos porque puede ser una abierta referencia a lo invisible, al Misterio.

Unas páginas más adelante, Lezama comienza a abordar el tema de la poesía como lo que pudiéramos definir con otros términos “macrocosmos de transfiguraciones”, lo real que, al ser sustituido metafóricamente, simboliza otra cosa: lo invisible-visible. “En el mundo aristotélico -anota- [la poesía] buscaba tan sólo una zona homogénea, igualitaria, en donde fuesen posibles y adquiriesen su sentido las sustituciones (subrayado del autor) (11) e inmediatamente escribe lo que consideramos cenital para comprender su poética: “buscaba tan solo, como en el ejemplo aristotélico, una zona, región entregada a la poesía, donde el escudo de Aquiles pudiese ser reemplazado por la copa de vino sin vino.” (12) Lo simbólico inmanente del poema es, por lo tanto, una preocupación del que lo escribe, lo que no permanece en la ataraxia -para decirlo con un sustantivo usado por él- de la simple respuesta, (13) debido a que el mundo de la poesía “es esencialmente hipertélico, y procura ir mucho más lejos que el primer remolino concurrente de su metagrama”. (14)

Confabularse con lo imposible es, entonces, la tarea del poeta para acceder a la posibilidad. “Toda realidad de raíz poética [...] engendra una reacción de irrealidad [...] que a su vez en toda gravitación, engendrando el cono de sombra, donde la imago desciende” (15) o sea, para explicarlo con los términos utilizados por Lezama en numerosas oportunidades: a partir de una sustancia de donde proceden todas las cosas, según Anaximandro el apeiron, y del caos como instancia necesitada de orden, esa imposibilidad moviéndose en la infinitud engendra el potens, lo realizable, permitiendo alcanzar la sobrenaturaleza, la otra realidad que, de alguna manera, es el punto donde confluyen lo telúrico (realidad expresada en el poema) y lo estelar (realidad evocada) o sea, la Orplid, mediante la imagen.  Luego regresa al tema de la Poética aristotélica y argumenta en torno a la idea de lo polisémico en materia de poesía, refiriéndose al “cosmos de paradojales sustituciones equivalentes” [y a la poesía como] la única posibilidad de poder aislar un fragmento extrayéndole su central contracción o de lograr arañar una hilacha del ser universal” (subrayado del autor) (16) aspecto que, como hemos señalado, es reiterado por Lezama y constituye todo un concepto en ese “cuerpo de ideas desarrollado sobre y desde su obra poética, como una creación que contiene su propia crítica, como una crítica que es también creación” (17) que es su sistema poético del mundo.


Referencias:

(1) La Habana, Eds. Casa de las Américas, 1970.
(2) Lezama Lima, José: “Introducción a un sistema poético” en Confluencias,  p. 343.
(3) Ibid, p.345
(4) Ibid, p. 346
(5) Idem.
(6) “Interrogando a Lezama Lima” en Recopilación de textos sobre J.L.L., p. 34.
(7) Lezama Lima, José:  “introducción a un sistema ...”, Op. Cit., p. 322. 
(8) Ibid., p. 324
(9) Idem.
(10) Ibid., p. 325.
(11) Ibid, p. 329
(12) Idem.
(13) Ibid, p.330.
(14) Idem       
(15) Ibid, p. 331.
(16) Ibid., p. 342.
(17) Arcos, Jorge Luis: La solución unitiva; sobre el pensamiento  poético de J.L.L, p. 72.
EL IRRESISTIBLE LEZAMA

Por Ronel González


A pesar del hermetismo característico de Lezama, a través del que mostró el gusto por la palabra y las difíciles construcciones gramaticales, subrayado por su amplio conocimiento del idioma y de la cultura universal, va dejando de  tener sentido calificar su obra de incomprensible, porque si es cierto que su estilo se refocilaba en una oscuridad germinativa, y que por esa razón su escritura se nos revela como un enigma, en esa misma obra de suprema originalidad y resistencia, el poeta dejó escritas las claves para descifrarla.