revista literaria bimensual | 2ª entrega - noviembre/diciembre de 2006 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
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© la Zorra y el Cuervo, 2006. Todos los derechos reservados.
Diseño: George Riverón.
narrativa
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EL DISCÍPULO

Oscar Wilde

Cuando murió Narciso, el remanso de su placer se trocó de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, y llegaron llorando a través de los bosques las ninfas de las montañas, las oréades, para consolar al remanso con su canto.
Y cuando vieron que el remanso se había trocado de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, soltaron las verdes trenzas de sus cabellos y gritando al remanso le dijeron:
-No nos sorprende que hagas un duelo tal por Narciso, tan hermoso como era.
-¿Era hermoso Narciso? -dijo el remanso.
-¿Quién había de saberlo mejor que tú? -respondieron las ninfas-. A nosotras siempre nos desdeñaba, pero a ti te cortejaba, y solía recostarse en tus orillas e inclinarse a mirarte, y en el espejo de tus aguas reflejaba gustoso su belleza.
Y el remanso respondió:
-Pero yo amaba a Narciso porque, cuando recostado en mis orillas se inclinaba a mirarme, en el espejo de sus ojos veía mi propia belleza reflejada.
© Cosme Proenza: Los dioses escuchan X, 2001. Oleo sobre tela.
EL MAESTRO

Oscar Wilde


Cuando cayeron las tinieblas sobre la tierra, José de Arimatea, habiendo encendido una antorcha de madera de pino, bajó al valle desde el altozano, pues tenía quehaceres en su casa.
Y vio a un joven desnudo que lloraba, arrodillado sobre las duras piedras del Valle de la Desolación. Tenía los cabellos de color de miel, y su cuerpo era como una flor blanca, pero había herido su cuerpo con espinas y sobre sus cabellos había puesto ceniza, a guisa de corona.
Y el que era dueño de grandes posesiones dijo al joven que estaba desnudo y lloraba:
-No me asombra que sea tan grande tu aflicción, pues en verdad Él era un hombre justo.
Y el joven respondió:
-No lloro por él, sino por mí. También yo he convertido el agua en vino, y he curado a los leprosos y dado vista a los ciegos. Yo he caminado sobre las aguas y he arrojado a los demonios de los que habitan en las tumbas. Yo he dado de comer a los hambrientos en el desierto en que no había alimento alguno, y he hecho salir a los muertos de sus angostas moradas, y, por mandato mío, en presencia de una gran multitud, se secó una higuera que no daba fruto. Todas las cosas que hizo ese hombre las he hecho yo también. Y, no obstante, a mí no me han crucificado.
Oscar Wilde
(nació un 16 de octubre  de 1854 en 21 Westland Row, en Dublín, Irlanda) fue uno de los dramaturgos más destacados del Londres victoriano. Además de poeta y narrador, fue una celebridad de la época, conocido por su puntilloso y gran ingenio. Padeció una caída dramática y fue encarcelado después de ser condenado en un juicio por indecencia (por actos homosexuales, condenados en esa época). Entre sus obras destacan La importancia de llamarse Ernesto (1895), El retrato de Dorian Gray (1890) y De profundis (1905).