revista literaria bimensual | 2ª entrega - noviembre/diciembre de 2006 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
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ensayo
La poesía del silencio:
literatura atemporal y sin rupturas


Luis Antonio González Pérez


Sé que se puede entender pretencioso lo que aparentemente es una intención de definir algún presente delimitado en relación con la poética actual. Lejos queda eso de mis fines, pues creo es un campo que no corresponde a la disciplina que estudio ocho horas al día. Pero por otra parte tengo la necesidad y me gusta la idea, de poder ir tratando poco a poco de vislumbrar, junto con ustedes, algún tipo de luz a este respecto.

Me gustaría optar por introducir, no un estilo generacional ni una filosofía literaria, sino quizás unas pautas o un acercamiento a una poesía sumamente interesante por su atemporalidad y coherencia.

En La poesía consecuente (Konsecuente Dichtung), 1924, publicado en G. Zeitschrift hir elementare Gestaltung, Berlín, se intenta realizar un acercamiento casi científico, y por tanto unívoco a la poesía. Demuestra en una consecución de premisas o axiomas que la posibilidad de objetividad u objetivación de la creación poética es potencialmente imposible, pues en cada paso y proceso de creación se introducen materiales de por sí dubitativos.

Dice que la consecución de letras en la formación de una palabra si tiene una realidad sin vicisitudes, pero que ya su sonido, su significado y la asociación de ideas que genera supone de por sí una aplicación subjetiva de la visión ordenada de las letras, y extrapolando, de las palabras y las frases. Defiende en ese mismo artículo, a modo de tratado, una poesía de sensaciones poéticas, donde el silencio prima a la sonoridad, la abstracción a lo concreto y donde las reglas clásicas quedan disueltas en una visión amplia de detalles magnos, incongruencia que se permite la poesía. Se valora por tanto la escritura como contraposición al sonido, es decir, como silencio en negación. No se entiende la poesía como lo que escuchas, sino como lo que no escuchas, es decir, como el silencio que supone.
La creación poética, opinión que respalda Mónica Muñoz en un estudio sobre Roberto Juarroz, es una confrontación entre el poeta que busca la definición de su espacio y las imágenes y sus palabras, la definición de un mundo dispuesto a los pies del poeta y un lenguaje que le es útil pero que no domina. La búsqueda de una lógica superior a la ciencia o la razón como tal es la vicisitud del poeta frente a un silencio que le turba o una imagen que le hiere o le emociona, y a la que tiene necesidad y se cree con derecho a interrogar. Igualmente entiende el poeta, y la autora del artículo define, que las palabras proceden en la creación poética de una mutación en manos del autor buscando un sentido y forma determinado, a veces ininteligible y no intencionado, conforma su propio yo a expensas del “yo poético” y su “fuerza creativa”.

Como vamos observando se trata en cualquier caso de una formulación variada, pero no contraria, entre opiniones y autodefiniciones de los autores y lectores sobre una creación aparentemente común, aunque diferenciada, y cercana en aspectos amplios, no en circunstancias generacionales ni académicas.

Se sostiene en los foros de debate o tertulias literarias actuales, al menos en muchas de ellas, que la literatura no es generacional, concepto este de difícil delimitación y doctrinalmente complejo, pues algo que se crea, la literatura, en un estado de soledad absoluta, casi de ausencia de la persona como ser, y la confrontación de la nada - folio en blanco - con el autor, no puede en ningún caso estar condicionada a nada más que al pasado, a las influencias propias de sus lecturas y vivencias, como cualquier otra persona en cualquier actuación presente lo está por aquello que retiene en la memoria; conciente y subconsciente. Por tanto la coincidencia estética, formal, o de fechas y momentos comunes, inclusive de influencias, conforman, a lo sumo, un marco de relativa cercanía y proximidad de sus poéticas, pero no un “cinturón de castidad” de sus obras.

En una entrevista publicada en “El Cultural” titulada “30 años de poesía española” realizada por Martín López Vega a un grupo nutrido de autores de distintos momentos y movimientos poéticos se puede tomar algunas señas de identidad de las corrientes actuales de pensamiento sobre la poesía de las últimas décadas.

El editor Sergio Gaspar, al preguntarle sobre la importancia que ha tenido la vuelta a la democracia para la literatura comenta “Durante la democracia se han impuesto un pensamiento, una cultura y una literatura débil. Pero, afortunadamente, el público de la poesía ha seguido creciendo. Sin embargo hay una gran sombra: se han producido transiciones tremendas, como el paso de los novísimos a la poesía de la experiencia, o de la experiencia a la llamada ‘nueva metafísica’, sin debate teórico profundo”. Esta realidad acusante, que para Sergio Gaspar demuestra un problema de la creación actual, supone una norma importante de la nueva poesía: no existe una predeterminación teórica que limite lo artístico ni una preocupación manifiesta por el acuerdo de mínimos o máximos sobre la poética presente.

Al ser preguntados por otros temas Ángel González (1925), Antonio Martínez Sarrión (1939), Luis García Montero (1958), Carlos Marzal (1961), Aurora Luque (1962) y Elena Medel (1985), al crítico José Luis García Martín (1950) y al editor Sergio Gaspar (1954) antes mentado, confirman ciertos aspectos ya mencionados con anterioridad como la no creencia en las tendencias rupturistas, como los conocidos Nueve Novísimos, sobre los que coinciden en tratar de “generación a destiempo” y más abierta a la creación del personaje que del autor o la prevalencia de la obra. Conforme seguimos leyendo la entrevista podemos entender que no está descrita la conformación de un movimiento sino un continuo movimiento; la expresión atemporal del sentimiento poético de permanencia, de coherencia y una nueva sentimentalidad, en el caso de García Montero, o de expresión sentimental en los mínimos poéticos del resto: léase nueva sentimentalidad con concepto definido por el autor y lo siguiente como opinión de este estudio.

Lógicamente estos autores no son los únicos a los que situaríamos en la nómina de poetas del silencio, o al menos como escritores de poesía del silencio.

Uno de las primeras notas que visualiza el lector o estudioso sobre los autores a los que nos referimos es que todos ellos están situados o alineados en distintas corrientes, grupos o movimientos generacionales, lo cual nos hace quizás definirlos como “escritores de poesía del silencio”. Este acuerdo de máximos, es decir, a grandes rasgos y sin especificidades, ahonda más en la premisa que antes defendíamos; lo atemporal y amplio el movimiento de los vates tratados.

Ángel Crespo, Ángel González, Antonio Gamoneda, Claudio Rodríguez, Luis Rosales, José María Fonollosa, Carlos Edmundo de Ory, Moreno Villa, Juan Gil-Albert, Cernuda, Vicente Gaos, Juan-Eduardo Cirlot, José Hierro, Blas de Otero, Josefina de la Torre, Francisco Brines, Pere Gimferrer y Gil de Biedma son algunos de los personajes más recurrente de la literatura en la que hoy nos adentramos.

Vemos por tanto en la pasada numeración la distribución temporal, geográfica y hasta literaria de los artistas: desde poesía de posguerra española, generación del 50 y 60, Nueva Poesía Leonesa, a la Nueva Sentimentalidad o Poesía de la Experiencia.

Si nos sentamos con tranquilidad a degustar la obra de algunos de estos creadores, como diría el catedrático Luis Blanco Vila: “degustarlos como un buen banquete; con muchos platos y quedarte con hambre, con ganas de más, de repetir”; podríamos sacar algunas líneas de situación de la poética presente.

La minimización de los espacios y tiempos poéticos, el estudio de lo cotidiano y su resaltamiento artístico, el intimismo sentimental reflejado y confrontado con el mundo y las ciudades, la cotroversia de los todos y las nadas, de los sonidos y los silencios. La temática por tanto es variada y sin rupturas ni quebrantos poéticos, es decir, los temas de la poesía histórica se mantienen pero varía la situación del autor respecto a su idea y la forma de expresarla. El lenguaje poético se conforma como una degustación de las palabras con la amplitud y libertad que promete el uso actual del idioma, sin estandartes de “vocabularios poéticos” o “expresiones antiliterarias”. El poeta se expresa en su obra, como se expresa si en vez de escribirlo lo contara. El tratamiento estético por tanto supone un trabajo intrínseco en lo descuidado, aparente, de la expresión. Es un trabajo de estructura acentual y melódico más allá de las conformaciones visibles. Hablamos de una poesía casi conversacional, algunos cercanos al soliloquio y otros con más intención de un “tú poético” o real.

Se trata de una poesía sin limitaciones, sin estructuras prefijadas, una poesía libre y en libertad. Se expresa una serenidad y reflexión íntima sin sobresaltos, pero con una fuerte carga emotiva de las pequeñas cosas y la incorporación de impresiones urbanas o monótonas sin violencias literarias. No es una visión bucólica del  mundo y un ataque al mundo desde la “urna poética” sino una sumisión y ensimismamiento artístico del creador dentro del mundo que lo crea.

La situación en el tiempo y por tanto en la historia de los personajes tratados nos dispone también a ver una evolución desde una poesía de comienzos de siglo dispuesta y provista de armas e impresiones de una realidad cambiante y su impronta en la modernidad y los vaivenes sociales, a una poesía comprometida de periodos oscuros del pasado nacional, un intimismo y silencio poético, como máscara de una expresión intelectual, hasta una poesía actual sumida en la lucha del hombre contra el hombre, provista de libertad y crítica con todo aquello que la delimita y la coarta. Por tanto es una poesía sin calendarios ni idearios. Podemos ver desde poemarios escritos por y en ciudades, ejemplo claro son los muchos “cuadernos de/en Nueva York”, pasando por toda una poesía de guerra o comprometida como la de Blas de Otero y otros, a una reivindicación social que resurge por otras guerras y otras injusticias del presente. Entre tanto hay poetas abiertos más a la introspección e interiorización del mundo en su “yo poético” como Ángel González o Antonio Gamoneda.

No soy gran amigo de conclusiones ni doctrinas pero si pretendemos cerrar esta mínima aportación silenciosa habría de decir que se trata por tanto, esta Poética del silencio, de un presente literario atemporal y sin rupturas conformado en la sentimentalidad y reflexión pausada de la más íntima visión e introspección de su contemporaneidad, donde se abre una puerta a los pequeños escenarios poéticos, se ensalza la individualidad frente a la colectividad sumisa y se presenta la acción artística como un mesianismo humilde de reforma íntima y sin revoluciones ni alzamientos.
Luis Antonio González Pérez (Telde, Gran Canaria, 1983) Poeta y escritor. Estudia la Licenciatura en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad San Pablo - CEU (Madrid). Es Presidente y socio fundador de la Asociación Juvenil de Escritores Aenigma. Tiene varios libros publicados, entre los que destacan Sobre tu silencio y a pesar del ruido (2004) y Trazos desnudos (2005). Cuenta con el Premio Gran Canaria de Poesía 2001, entre otros galardones.
© Cosme Proenza: Sin Título. Oleo sobre tela.