revista literaria bimensual | 2ª entrega - noviembre/diciembre de 2006 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
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© la Zorra y el Cuervo, 2006. Todos los derechos reservados.
Diseño: George Riverón.
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poesía
Félix Hangelini
(La Habana, Cuba, 1977)
Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana, cursa actualmente el Doctorado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona (España), ciudad donde reside desde 2003.  Ha sido editor y profesor universitario, labor que sigue ejerciendo. Obtuvo varios premios nacionales, dentro de los que destacan los de ensayo Temas 2000 y Calendario 2002 (por La construcción de las olas, La Habana, Editora Abril, 2003), así como el premio Versiones 1997 de poesía. En 2005 obtuvo el Premio de la Academia Castellana y Leonesa de Poesía, por La devastación (La imaginación de la Bestia) (Valladolid, Fundación Jorge Guillén, 2006). Ha publicado artículos y ensayos en revistas cubanas y textos suyos aparecen en la antología de poesía cubana contemporánea Heridos por la luz (Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2002), aunque nunca ha publicado poesía en Cuba. Los textos que aquí se recogen pertenecen a un nuevo libro en gestación.
NAVIDAD


Si la melancolía es espesa
como una guirnalda de navidad
por qué no estás en ella

acaso el neón sea la pauta
donde la navidad finja el estruendo
de una espesa mancha de frialdad
y cielo ¿o será que reconstruye
una forma (la tuya) bajo el hermoso vacío
de la significación?
ENTRE EL BORDE DE LA PARED Y MI SILENCIO


Y acaso me pregunten
por qué sigo tejiendo esas grandes semejanzas
entre el borde de la pared y mi silencio:
cuando en la luz de los parques
caía La Habana
y en el asombro de su demencia
los ojos aprendían a creer
hubo también una sonrisa
en la poca luz un cerco de palabras
insinuando esta gotera interminable

desde las gotas
lentamente como cadáveres
supimos del olor de nuestras moscas
día tras día aún sin sol aún sin el otoño
bajo un cielo de pertinaz aceite
cruzamos los recuerdos
nunca el verde fue un color tan transparente
entre mi ciego esfuerzo y las distancias
nunca tuve el aplomo que existía
en los pinsapos extravagantes
que otros sueños ingenuos conquistaban

al verme partir
lloraba por las ausencias irreparables
como si en la mañana todos se despidieran
y me dejaran solo
en medio de parques desconocidos
algo en mi voz podía romperse
bajo la lluvia adornando el lento
sitio donde no estaba o la esperanza
de ver lagos remotos abrazarlos
una otra vez hasta volver a casa
con el mundo incrustado en mis rodillas
acaso las orquestas
presagiaron una armonía más precisa
que la miserable belleza del castrato
volviendo de la noche a la atroz semejanza
entre el borde de la pared y mi silencio
(nada fue más ligero que la cruz
en el Miserere Mei, Deus de Allegri
levantada con la simulación del martirio
donde hubo un rostro aferrado al dolor
y un punto de partida)

tal vez no me ennoblezca
si busco en mi carne el signo abandonado
con la huella de sus ojos al dorso
tal vez en mis jarrones
no quepa la arena del tiempo ni las húmedas
uñas del mar que nos separa
tal vez lea el destino
como palabra arcaica
que no rime en ningún poema
o acaso me pregunten
desde el borde de la pared o en mi silencio
si sea el bosque
escrito una imagen pétrea de mi imagen
donde las grandes semejanzas se reducen
a ese país de hierba donde un día regresaré a morir.



                                              Félix Hangelini
© Cosme Proenza: Los dioses escuchan VIII, 2001. Oleo sobre tela.