revista literaria bimensual | 2ª entrega - noviembre/diciembre de 2006 | dirección y edición: george riverón | jefe de redacción: carlos pintado
© la Zorra y el Cuervo, 2006. Todos los derechos reservados.
Diseño: George Riverón.
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poesía
MARE NOSTRUM
Apenas unos pocos acordes
Y vas tomando forma.
Dejo correr mi mano por tus hilos tan claros
Que juegan a engañarme con próximos olores.
Y nos vemos por medio de la música,
Sin saber que no estamos mirándonos aquí, distraídos,
Sin darnos cuenta que otros pueden oírnos,
Que afuera quizás llaman.
Soy quien huye del mundo
para entrar en el mundo,
en la tierra que guarda todo tipo de huesos.
Soy el confesionario polvoriento y oscuro
donde el péndulo enhiesto de mis mejores noches
tiene vagos recuerdos del hambre,
del miedo y de la ausencia.
Sólo brillan las almas aturdidas y grandes
que volaban conmigo pegadas a la hierba.
Cuentan el desafío, sus alas,
a un enemigo nunca al alcance de la vista.
Eres mi gran descubrimiento, mi hallazgo universal.
Eres la hoja más verde en la tupida fronda
del árbol que no muere.
Eres una imperfecta versión inmejorable de mis sueños,
en la maraña ciega que forman el ayer
y el ahora, con vistas a una playa infinita
y un sol imaginario.
No cuentan para nada lejanos desamores
ni los desabrazados años en lejanas leyendas.
Un mar tranquilo se abre para enhebrar orillas.
Basta que se levante una voz para que te incorpores
y desecho intenciones y aparto los regresos.
No me alcanza el papel ni el espacio
ni hace falta volver para empezar de nuevo
porque estamos aún.
Alexei Montojo
(C. de La Habana, 1962) Licenciado en cibernética-matemática en la Universidad de La Habana. Mención en poesía en el concurso 13 de marzo (1985). Miembro del coro de la Universidad de La Habana hasta 1993. Actualmente reside en Miami.
PARA JUAN CARLOS CORREA, in memoriam
La vida anda en piruetas allá afuera,
con ruidos más o menos semejantes al peligro de ser
o de amar, sencillamente, en estos días
que el aire se hace turbio, y amarilla la grama
de tus montes se vuelve, y tú,
tú te mueres como una débil rama del árbol zaherido.
Te has muerto y no lo creo, Amigo Grande,
como el hilo de agua que se va entre los dedos.
Te has muerto en plena noche sin decirme “hasta luego”
y tú sabes que nos vamos a ver
hoy o mañana, para seguir hablando de tu mundo y mi mundo,
de tu tierra y mi tierra,
para seguir este joven camino de septiembres
que no acaban en recovecos de intrincada apariencia.
Te has muerto -y no lo creo-
con la prisa que tenías para vivir
quizás porque sabías en silencio que te esperaba cerca.
Ya no será la misma, sin ti, esta Venezuela.
Ya no tendrá el mismo sabor una tarde en el cerro
o un paseo en los Próceres.
Porque el sol que aparecía cuando llegaba tu rostro
cedió paso al vacío de tu física ausencia.
No digo yo, Juan Carlos, que volverás porque sé que no es cierto,
pero sí que estarás en mi huerto y en mi higuera por siempre
y que hablaré contigo despacio y a menudo,
y sabrás cómo vivo y cómo se deshoja en el patio mi árbol,
y te voy alcanzando sin prisa y optimista
de que Dios te acompaña y aguardan mi llegada.
Afuera todo sigue revuelto como siempre
y un Amigo se ha ido en paz hacia otros prados.
Alexei Montojo