© la Zorra y el Cuervo, 2009.
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ISSN 1936-1858
Edición y Diseño: George Riverón.
letra con filo / ensayo - crítica - artículos - entrevistas
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obras de la artista
Diana Rosa Latourt
Joaquín Badajoz
Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de las Lengua Española (ANLE). Miembro del consejo editorial de Cuadernos de ALDEEU, de la Asociación de Licenciados y Doctores Españoles en Estados Unidos. Editor Ejecutivo de Cosmopolitan en español. Reside en Miami.
THE KING(DOM) COME
Por Joaquín Badajoz
Stephen King
On Writing. A memoir of the craft.
Pocket Books, a division of Simon & Schuster, Inc. New York, 2002.
Originalmente publicada en tapadura por Scribner, 2000.
Págs. 297.
Dos piedras en el zapato pueden ser lo suficiente incómodas -o inspirativas, según sea el juicio- para sentarse a escribir una reseña. Bob Dylan recomienda: everybody must get stoned. Y hay algo de rito mágico ancilar, de rudimentario intercambio de valores, en el que lanza o pone la primera piedra, en el apedreado y también en el que hace fuego, asperja, y dibuja sobre una roca. Pero ya sea la "piedra" de las alucinaciones de Dylan, las mitológicas y monumentales de Stone Age, las anímicas que cargan sobre su cabeza las parejas condenadas de Pedro Pablo Oliva, o dos ordinarios guijarros que uno se saca de los calcetines y los lanza en el pozo de la escritura mientras espera el ruido de rebote: es decir la resonancia. El resultado va a ser el mismo: quitarse un peso (¿un dólar?) de encima. La primera cuestión: ¿Por qué hacerlo? La segunda: ¿Vale la pena?
Las respuestas supondrán superar una cordillera de obstáculos ante la cual todos los argumentos pueden ser relativos; sobre todo si la novela de marras está escrita en inglés, no ha sido traducida al español, y su autor es considerado un productor en serie de bestsellers, algo que los escritores latinos miramos con suspicacia y deslumbramiento, también con un poco de envidia e ignorancia. Por si fuera poco, no se trata de un escritor de novelas “comerciales” cualquiera, sino del King himself -una verdadera industria si tenemos en cuenta que sus ingresos en el año 2000 fueron de más de 44 millones de dólares, lo que lo hace aparecer en el libro de récords Guinness® como el escritor mejor pagado hasta la fecha. Sus libros han sido traducidos a 33 idiomas y publicados en 35 países, con una tirada que rebasa los 300 millones de copias en su totalidad. Pero no siempre fue así, y On Writing es precisamente la historia novelada de su vocación, sus inicios (atribulados y poco remunerados, como suelen ser) y las andaduras por la vida y la hoja en blanco. De cualquier forma estos obstáculos no dejan de tener su atractivo. En primer lugar comentar esta extraordinaria "memoria" sobre el oficio de la escritura puede convertirse en un aventura de empatías, un testimonio autobiográfico de primera mano sobre la carrera de un escritor; y at last but not the least, en un motivo para problematizar sobre las circunstancias de la literatura.
Como casi todos los hispanos y gran parte de los angloparlantes mi primer encuentro con Stephen King es a través de las adaptaciones cinematográficas de su obra o de los guiones originales escritos para el cine y la televisión. Aunque no me cuento entre los aficionados al cine de horror, hay que reconocer que Carrie, Misery, Cujo, o The Shining (subtitulada en español Resplandor, con una estelar interpretación de Jack Nicholson) son verdaderas y refinadas obras maestra del género. Sin embargo el descubrimiento de On Writing, una mezcla de fe de vida, manual de estilo y libro de memorias, fue el verdadero encuentro con el pulso del escritor que se esconde tras las ventas y los éxitos de taquilla.
Unos años atrás en la revista The New Yorker había leído un relato autobiográfico de King que me despertó un hambre que no pude saciar con sus novelas. El texto fue el preludio de lo que luego he disfrutado con esta anatomía de la escritura que es On Writing. Sin pedanterías intelectuales, con un ingenioso sentido del humor, King pasa revista a su vida y detalla su entrada al mundo de la escritura. Y lo curioso es que lo narra sin triunfalismos, con la humildad de un perdedor que después de muchas contiendas sigue aferrado a un vicio. De esta lectura se aprende que la única forma de hacer literatura es sentirse siempre un amateur, un aprendiz que tiene que darlo todo, y que al terminar un manuscrito lo tira al cajón y tiembla de impotencia porque no pudo hacerlo mejor. King lo explica de otro modo: "Todo comienza así: Pon tu escritorio en una esquina, y cada vez que te sientes en él recuerda por qué no está en el medio de la habitación. La vida no es un sistema que gira en torno al arte, sino todo lo contrario." (p. 94. Todas las traducción son mías)
La historia de On Writing, su "making of", su duda y su justificación están explicados en dos breves prólogos, que reproduzco a continuación:
"A principio de los años 90 (puede haber sido en 1992, pero es difícil de recordar con precisión los momentos de placer) me uní a una banda de rock & roll compuesta en su mayoría por escritores. Los Rock Bottom Remainders fueron los hijos intelectuales de Kathi Kamen Goldmark, publicista literaria y músico de San Francisco. El grupo incluía a Dave Barry en la guitarra leader, Ridley Pearson en el bajo, Barbara Kingsolver en los teclados, Robert Fulghum en la mandolina y yo en la guitarra acompañante. También teníamos un trío de "chicas cantantes" a la Dixi Cups, compuesto (casi siempre) por Kathi, Tad Bartimus y Amy Tan.
"La intensión de este proyecto era que fuera un arreglo temporal; debíamos tocar en dos presentaciones de la Convención Americana de Libreros, recibir unas cuantas risas, recapturar nuestra malgastada juventud durante tres o cuatro horas y luego seguir cada uno su camino; pero no sucedió de esta forma porque el grupo nunca llegó a desintegrarse. Descubrimos que nos gustaba demasiado tocar juntos, y con un par de 'timbres' musicales en el saxo y la batería (además, de contar en los comienzos con nuestro propio gurú musical, Al Kooper, en el corazón de la banda) sonábamos bastante bien. Es cierto que tenían que pagar para vernos: pero por supuesto, no tanto como para un concierto de U2 o la E Street Band, quizás lo que en otros tiempos se llamó "dinero de roadhouse". Nos fuimos de gira, escribimos un libro sobre esta experiencia (mi esposa Thabita tomó las fotos y bailó cada vez que se sentía animada, lo que sucedió a menudo) y continuamos tocando ahora y antes, algunas veces como The Remainders, y otras como Raymond Burr's Legs (…)
"Una noche mientras cenábamos comida china antes de un gig en Miami Beach, le pregunté a Amy si había algo que nunca le hubiesen preguntado durante las charlas que por lo regular preceden a las presentaciones de libros. Ese tipo de preguntas que nunca vas a contestar cuando estás frente a un grupo de fanáticos de esos que idealizan a los autores, simulando que no has metido las dos piernas por una de las patas del pantalón, alguna que otra vez, como cualquier otro mortal. Amy hizo una pausa, pensando la respuesta con mucho cuidado, y me contestó: 'Nadie nunca pregunta sobre la escritura'.
"Tengo una inmensa deuda de gratitud con ella por esta respuesta. Durante un año, más o menos, antes de aquel momento, había estado manejando la idea de escribir un pequeño libro sobre la escritura; pero nunca había seguido adelante porque no confiaba en mis propias motivaciones. ¿Por qué tenía que escribir sobre la escritura? ¿Qué me hacía pensar que yo tuviera algo valioso que decir?
"La respuesta más simple es que alguien que ha vendido tantos libros de ficción debe de tener 'algo' valioso que decir sobre como los escribió; pero las respuestas más evidentes no siempre son correctas. El Coronel Sanders (fundador de la cadena Kentucky Fried Chicken) vendió una cantidad infernal de pollos fritos durante toda su vida; pero no estoy seguro de que nadie quiera saber como lo hizo. Si iba a ser lo suficientemente presuntuoso como para decirles a los demás como escribir, sentía que debía existir una razón más poderosa que mi popularidad. Pongámoslo de otra forma: no quería escribir un libro, ni siquiera uno corto como este, que me dejara la sensación de que era un zeppelín literario o un cretino trascendental. Gracias, ya hay suficientes libros de este tipo (y también escritores) circulando en el mercado.
"Pero Amy tenía razón: nadie nunca pregunta sobre la escritura. Ellos le preguntan a los DeLillo, los Updike, y los Styron, pero nunca a los novelistas populares. Aun cuando muchos de nosotros también nos preocupamos por el lenguaje, humildemente, y cuidamos apasionadamente el arte y el oficio de narrar historias. Lo que sigue a continuación es un intento de exponer, con brevedad y simpleza, como llegué a la literatura, que sé sobre ella hoy en día, y como lo hice. Es en fin sobre el trabajo diario: sobre la escritura".
Explicadas las motivaciones, el segundo prólogo marca el tono reposado, ingenioso, directo y sin arrogancia del libro:
"Este es un libro breve porque la mayoría de los libros sobre la escritura están llenos de basura. Los escritores de ficción, el que esto escribe incluido, no entendemos mucho lo que hacemos. Ni siquiera sabemos porqué funcionan cuando son buenos o que falla cuando son malos. Me imagino que mientras más corto sea el libro menos basura tendrá.
"Una notable excepción a esta regla del basurero es Los Elementos del estilo, de William Strunk, Jr. y E. B. White. Hay poca, o indetectable, basura en ese libro (por supuesto es corto, con 85 páginas es muchísimo más breve que este). Por eso les voy a decir ahora mismo que cada aspirante a escritor debe leer Los Elementos del Estilo. La regla 17, en el capítulo titulado Principios de la Composición, es 'omite las palabras innecesarias'. Trataré de ajustarme a este consejo".
En otro breve prólogo que no incluyo Steve da por sentado algo que no quiero pasar por alto: "El editor siempre tiene la razón". Como el mismo dice "poniéndolo de otra manera, escribir es humano, editar es divino". Este es el más extraordinario homenaje que he leído al oficio editorial, tan subestimado en nuestras latitudes, donde el editor parece ser poco menos que un escritor frustrado. La virtud de esta sentencia está también en su lapidaria brevedad. Hasta donde he visto, los escritores latinoamericanos tenemos la mala costumbre de llevarnos todos los éxitos y que los editores carguen con todos los fracasos. Frases como: "Los escritores tienen que aprender a convivir con las erratas", marcan en mi experiencia personal la depauperación y el amateurismo de la industria editorial; y por su puesto justifica en parte del desaliño escriturario de los últimos tiempos. Un ejemplo es que esa divinidad editorial fue partera del boom de la novela latinoamericana. Sin subestimar el talento narrativo, la obra de editores y agentes literarios como Carmen Barcells tuvo mucho que ver en el magnífico resultado de la literatura de aquellos años.
La certeza de que este libro deberá ser en algún momento traducido al español; y que de suceder se convertirá en un instrumento inapreciable para entender el mundo editorial norteamericano de las últimas cuatro décadas, barrerá con muchos mitos y humanizará las procesos creativos que han sido alienados por la maquinaria publicitaria y la ignorancia, es motivo suficiente para que me anime a escribir estas reflexiones. Por otro lado esta el hecho de que cada día aumentan las expectativas de escritores y casas editoriales de estructurar un mercado y una industria del libro en español dentro de los Estados Unidos. La colección Rayo de HarperCollins, dirigida por René Alegría, es el ejemplo que me viene a la mente; pero en realidad hay varias aventuras compartidas, experimentos bilingües y suficiente talento de latino writers (sobre todo autoras) de ascendencia hispana escribiendo en inglés historias que completan los testimonios de ese viaje del español por el mundo nuevo. Después de todo, la America anglosajona está deseosa de disfrutar la literatura y el imaginario de escritores que escriben en español, desde esos países de iberoamérica, donde se enlazan algunas de las experiencias transculturales de conocidos autores norteamericanos como Sandra Cisneros, Junot Díaz, Angie Cruz, Oscar Hijuelos, Gustavo Pérez Firmat, Nilo Cruz o Mayra Montero, por mencionar unos pocos. Ellos como muchos otros estadounidenses son hijos de la emigración y los exilios. Sus fuentes étnicas son diferentes, también parte de sus imaginarios, pero sus experiencias multiculturales no vienen a ser muy diferentes de las que han experimentado la mayoría de los emigrantes que viven en estas tierras. (Quién lo dude sólo tiene que aventurarse a leer Hollywood Animal, otro magnífico testimonio de uno de los grandes guionistas norteamericanos, el húngaro Joe Eszterhas). Otro tanto supongo ha de pasarle a los lectores latinoamericanos.
Desde este ángulo también la obra de King ilustra las posibilidades y la realidad de un mercado en el que los escritores cubanos ya van insertándose. Para ningún escritor latinoamericano este mundo está más estereotipado y lleno de fetiches como para el escritor cubano. Con esta lectura creo que resolverá muchas de sus dudas y entenderá mejor estos procesos. Desde hace rato ha venido andando la peregrina (y a veces acertada) idea de que los escritores cubanos somos hijos de la Revolución y del Exilio; y luego de haber leído varias veces On Writing, puedo agregar que la Revolución es nuestra ingenuidad y el Exilio nuestra mayoría de edad. Así ha tenido que ser siempre desde que el presbítero Varela marcho al destierro hace casi 200 años para escribir sus Cartas a Elpidio. Siempre ha existido una revolución, una ambiente beligerante con su 'dulce et decorum est pro patria mori', y un exilio para levantarse atragantado, miserable, inválido ante tanto aire de libertad que llena los pulmones y que casi nos asfixia. Espero que el escritor de los próximos años pueda levantarse sin esos padrastros tutelares (Revolución y Exilio) y alcance la madurez progresivamente donde mejor le plazca. Bajo esos aires la obra se siente encorsetada, como si al escribir no solo estuviera definiendo un espacio ficcional, sino definiéndose a si mismo. Esta gravedad conlleva a que se subestimen recursos, géneros y estilos; y a que se trate de aprovechar el marco de un solo libro para construir 'el libro de los libros'. Debe tenerse en cuenta que en Cuba, después del diluvio, no existe ninguna seguridad de que el primer libro publicado no vaya a ser el último. Y por supuesto ese biblyos cósmico (que puede ser el alfa y la omega de una carrera escrituraria) debe ser una joya, un bloque, el paraná indú, la cubanía en pleno y empastar con todas las filosofías y tendencias tratando de encontrar la identidad. Es decir, a la manera de Borges o Lezama, pero sin tanto ingenio y presionado por los puñetazos de la política, un autor escribe para críticos literarios, para iniciados, que es la única forma de ganarse un humilde lugar en el ridículo panteón de la inmortalidad.
No sé por qué retorcido misterio la carrera de un escritor comienza en nuestros países un poco a la inversa de lo que la lógica -o Stephen King- enseña. En Cuba, por ejemplo como regla, para publicar, una persona debe de haber ganado con antelación un nombre o varios premios, proceso absurdo e incongruente que obliga a construir una carrera en el limbo antes de perder la virginidad literaria. Por alguna de esas razones el escritor cubano permanece dentro de cierta castidad o infantilismo intelectual que no le permite entender en su plenitud los procesos de la creación. Dueños de una cosmovisión frondosa como un bonsái barroco que nadie se ha ocupado de podar.
Por eso On Writing, pueden ser un libro revelatorio para un cubano. En primer lugar porque 'the kingdom is coming', ese momento en que lo torcido se habrá de enderezar, y la vida de un escritor cubano saldrá de la pompa para enfrentarse al mundo real, en el que también existen oportunistas, mediocridades e influencias, pero en este juego de variables el talento puede orientarse por la vía que elija y no la que le impongan. Entonces supongo que se entenderá sin suspicacias la carrera de uno de los grandes escritores norteamericanos de ficción y dejaremos de escribir remedos de clásicos por temor a hacer una obra comercial.
Como en este libro queda claro, la contaminación lejos de ser un aberración es un acicate de la creación. Un escritor puede tomarse en serio su oficio escribiendo ciencia-ficción, "novelitas" policíacas, eróticas, o de humor, o trabajando en una revista de moda, farándula y glamour. Porque el reino, volvemos a la idea del King(dom), es amplio y solaz. Se puede vivir del cuento, o vivir para la literatura; y se puede hacer un trabajo escrupuloso con el lenguaje, tributando a las lógicas específicas de los medios y los géneros. No hay que perder de vista que Stephen Sweig o Lewis Carroll tenían en mente novelas de crítica social y terminaron escribiendo esos clásicos para niños que son Los Viajes de Gulliver y Alice in Wonderland; mientras que muchos escritores latinoamericanos tienen en mente un clásico y terminan escribiendo un mamotreto farragoso que se queda en pura intensión.
La ambición puede ser también un complejo de imaginario inconcluso, de inferioridad inconsciente. Alejo Carpentier, por ejemplo, escribió desde París verdaderas joyas de crítica artística para las páginas de la revista Carteles, y Truman Capote animado por Art Cooper escribió para la archiconocida GQ (Gentlemen Quarterly), sin que esto afectase la importancia de ambos escritores. Este es el misterio de la contaminación y la necesidad, del que Stephen King nos da una brillante lección en uno de esos libros que todo escritor debe leer para entender su propia contemporaneidad. La literatura en resumen es resultado de un proceso vital, forma parte integra de un organismo vivo.
Un espacio y una vocación a lo mejor no pueden construirse pero si pueden descubrirse. La precariedad suele ser un estorbo pero un escritor puede convertirla en acicate. "Truman Capote", escribe King, " dijo que había escrito sus mejores obras en la habitación de un motel, pero él es una excepción. La mayoría de nosotros hemos hecho nuestros mejores trabajos en un lugar propio. Cuando tengan uno encontraran la nueva resolución para escribir mucho más y tomarlo con seriedad.
"La habitación de escribir no tiene que tener un decorado con la filosofía de Playboy, y ustedes no necesitan un mesa de trabajo estilo americano con un cierre de panel corredizo para guardar los implementos de escritura. Yo escribí mis dos primeras novelas publicadas Carrie y Salem's Lot, en el cuarto de las lavadoras de un trailer doble, usando la vieja maquina Olivetti de mi esposa y tratando de equilibrar una mesita sobre mis piernas. John Cheever escribió en el sótano del edificio donde estaba su apartamento en Park Avenue, cerca del aparato de la calefacción. El espacio puede ser humilde (probablemente deba serlo, como creo que ya he sugerido), y solo necesita una cosa: una puerta que puedas tirar. Una puerta cerrada es tu manera de decirle al mundo y a ti mismo que estas haciendo algo importante; tú has tomado una seria determinación de escribir e intentas iniciar el camino, y también cumplir tu palabra". (pág.150-151)
Esta es una de las tantas recomendaciones de Stephen King, escritas con absoluta naturalidad en Sobre la escritura: una memoria del oficio, por un hombre que aún escribe con la energía de hace cuarenta años atrás. Según esto, el secreto para vivir el arte de la escritura parece estar en hacer del oficio un estilo de vida; y tener ilusiones. Por eso King concluye con este consejo que es la antesala para dedicarse a cualquier cosa en la vida. Algo que debe de tenerse siempre a la vista para no perder las perspectivas:
"No se escribe para hacer dinero, adquirir fama, tener novias, mejorar tu estatus o hacer amigos. Al final, el único objetivo es enriquecer las vidas de aquellos que leerán tu obra y también enriquecer tu propia vida. Todo se trata de crecer, que te vaya bien, y que todo concluya. ¿Te sientes feliz? Perfecto, sé feliz. Una parte considerable de este libro, quizás demasiado grande, ha tratado sobre como yo aprendí a escribir. Otra consiste en como tú puedes hacerlo mejor. El resto, y quizás la mejor parte, es una inspiración: tú puedes, tú debes, y si tienes suficiente coraje, lo harás. Escribir es mágico. Es el agua de la vida, que no tiene parangón en ningún otro arte creativo. El agua es gratis; por tanto bébela. Bébela y llénate".
Simpáticas y humanas anécdotas, recomendaciones editoriales, memorias y recursos, testimonios de buena tinta, e incluso consejos prácticos de redacción y composición, convierten este libro en una joya para escritores, sin dejan insatisfecho tampoco a ese lector curioso y exigente que disfruta la literatura sin otra ambición que alimentarse de un mundo paralelo. Ese dónde tan bien se está.
revista literaria digital | año III - No. 1 - Invierno - Primavera - Verano de 2009 | Bluebird Union, Inc. | dirección: george riverón